Por: GILBERTO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ.

Cuándo la tierra se mueve, también se mueve algo dentro de nosotros.

Por qué hay momentos en la vida que nos despiertan de golpe, momentos que sacuden la tierra pero también se sacude nuestra alma.

Cuando se sacude la tierra, nos recuerdan de arriba cuan frágiles y vulnerables somos. Nos recuerdan que no somos tan fuertes como creemos, que no tenemos tanto control como pensamos, que muchas de las cosas por las que corremos pueden temblar y derrumbarse en un instante.

Las prisas nos hacen vivir como si todo dependiera de llegar más rápido, de producir más, de responder más, de tener más, de lograr más, de alcanzar más, de acumular más. pero cuando la vida se sacude, algo queda al descubierto, lo que realmente importa casi nunca es lo que estábamos persiguiendo.

Cuando la vida tiembla no estamos pendientes de cuantos correos contestamos, cuántos correos tenemos, o cuántos likes o me encanta recibimos. No empezamos a hacer un inventario de cuántas cosas materiales tenemos, ni cuántos ahorros tenemos en el banco.

Cuando la tierra tiembla, el alma no pregunta cuántos videos vimos o cuántas series de Netflix nos asombraron, ni cuántas cosas acumulamos, no pregunta cuántas carreras o títulos ganamos.

Cuando la vida tiembla el alma pregunta por Dios, pregunta por los hijos, pregunta por la esposa, por el esposo, por los amigos, pregunta por los abrazos que dimos, por las palabras que dijimos, por la historia que construimos con quienes amamos y tal vez ese es uno de los más grandes peligros de vivir acelerados, que podemos estar construyendo muchas cosas por fuera, mientras por dentro, estamos dejando de contemplar lo importante y lo eterno.

No esperemos que venga un terremoto para reaccionar. Es tiempo de volvernos a Dios y ponernos a cuentas con El.

Admitamos que nos hemos alejado de Él.

Admitamos que hemos dejado de contemplar la belleza de Jesús.

Que hemos dejado de escuchar la voz de Dios.

Que hemos dejado de mirar a los ojos a quienes amamos. Dejamos de estar presentes en la vida de aquellos que un día vamos a extrañar.

Hemos dejado de amar, de abrazar, de reír con los que ríen y llorar con los que lloran.

Hemos dejado de tener paz, hemos abrazado la mortificación y el estrés. No esperemos a que la vida tiemble para despertar y desacelerar, levantemos la mirada. Busquemos a Jesús y empecemos a vivir hoy de tal manera que si un día todo cambiara en un instante, nos encuentre contemplando aquello que es eterno y amando lo que verdaderamente es importante.

“AYER YA PASÓ, MAÑANA NO SABEMOS, HOY ES PRESENTE Y PRESENTE ES UN REGALO LLAMADO, GRACIA DE DIOS.” Disfrutemos de la Presencia de Dios y de cada segundo que nos regala para este día. “VIVAMOS PARA LA GLORIA DE DIOS.” Bendiciones a tod@s.

FACEBOOK: Gilberto González Hernández.

CORREO ELECTRÓNICO: pastgil@yahoo.es

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