De: JAMES BANKS.
«Ciérrala. Ya he visto suficiente», me dijo un apicultor mayor y experimentado mientras yo aprendía a cuidar una colmena. Mis movimientos habían sido rápidos y enérgicos, provocando vibraciones que alarmaron a las abejas y generaron un enjambre alrededor de mi cabeza. Aunque intentaba cuidarlas, las hice enojar. Mi amigo me mostró la importancia de desplazarse «suavemente», con movimientos amables que no molestaran a las abejas. Hoy (años después), cuando voy a una colmena, me muevo con tanta suavidad que mi esposa dice que parece que bailara.
A veces, las conversaciones difíciles son como bailar con abejas. Cuando los demás están disgustados y tensos, reaccionar con ira empeora las cosas. «La respuesta amable calma la ira; la respuesta grosera aumenta el enojo» (Proverbios 15:1 rvc). Puede llevar tiempo aprender a responder con amabilidad a quienes están enfadados o son irracionales. Pero como la amabilidad (o benignidad, según Gálatas 5:22-23) es fruto del Espíritu que actúa en nosotros, con la ayuda de Dios podemos desarrollarla.
Estos días estoy aprendiendo a orar por sabiduría y amabilidad cada vez que abordo una colmena o una conversación difícil. Si caminamos con Dios en momentos de tensión, nuestro «pronto auxilio» está cerca (Salmo 46:1).
REFLEXIÓN:
¿Cómo puede Dios ayudarte a reaccionar con amabilidad ante alguien enojado? ¿Qué le dirás hoy a alguien que necesita una respuesta amable de tu parte?
#YoDigoYoPregunto





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