De: JENNIFER BENSON SCHULDT.

El artista renacentista Alberto Durero se hizo famoso por su talento a los veinte años. Los críticos de arte de su época lo llamaron «la mayor mente que jamás se haya expresado a través de la línea». Mientras su fama se extendía, personas influyentes intentaron contratarlo, prometiéndole lujo y comodidad. Incluso otros artistas consagrados veneraban su obra.

En lo que los expertos consideran su mejor autorretrato, Durero mezcló sus rasgos físicos con el aspecto que pensaba que podría haber tenido Jesús. Se pintó con pelo largo, barba y ojos que transmitían una sensación de propósito divino. Aunque muchos suponían que reflejaba la orgullosa opinión del artista sobre sí mismo, otros que lo conocían creían que Durero quería vivir una vida que permitiera a la gente ver a Jesús en él.

Si conocemos de verdad a Cristo, este es también nuestro deseo. Creer en Jesús y aceptar su muerte y resurrección significa que debemos vivir para Él, no para nosotros mismos (Gálatas 2:19). Vivimos para Él, y Él vive en nosotros y obra a través de nosotros. El apóstol Pablo dijo sobre su transformación espiritual: «ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí» (v. 20). Que la gloria de Cristo brille hoy en nuestras vidas para que el mundo lo vea en nosotros.

REFLEXIÓN:

¿Cómo te sientes cuando percibes a Jesús obrando a través de ti para darse a conocer? ¿Qué desafíos impiden que esto a veces ocurra?

#YoDigoYoPregunto

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