Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM
México enfrenta una coyuntura histórica que puede definir el rumbo económico de las próximas décadas. La reorganización de las cadenas globales de suministro y la integración productiva con Norteamérica colocan al país en una posición privilegiada, pero también lo obligan a tomar decisiones estratégicas que trasciendan la simple atracción de inversiones. Claus von Wobeser, al concluir su gestión en la International Chamber of Commerce México, lo expresó con claridad: no basta con tener tratados y ubicación geográfica, el verdadero reto es transformar esas ventajas en innovación, empleos de calidad y desarrollo sostenible.
La primera reflexión que planteó es contundente: la relación con Estados Unidos y Canadá ya no se limita a un tratado comercial, sino que se ha convertido en un entramado donde la seguridad económica, la política industrial, la energía y la tecnología son factores inseparables. México debe asumirse como protagonista de esta nueva etapa, no como un socio pasivo que solo busca preservar lo firmado en el T-MEC. Yo Pregunto, ¿Será capaz el país de dar ese salto hacia un papel activo en la construcción de la siguiente fase económica de Norteamérica?
El segundo punto gira en torno al nearshoring. La llegada de plantas y capital extranjero no garantiza por sí sola el éxito. Lo que realmente importa es cuánto valor permanece en México, cuántas empresas nacionales participan en la cadena de suministro y qué tanto conocimiento y tecnología se generan. La pregunta no es únicamente cuánto exportamos, sino cuánto contenido mexicano incorporamos en esas exportaciones. Yo Pregunto, ¿No debería medirse el éxito del nearshoring por la capacidad de México de fortalecer su propio tejido productivo en lugar de depender de insumos externos?
La tercera reflexión apunta hacia adentro: certeza jurídica, energía competitiva, infraestructura, seguridad, agua, conectividad e innovación. Todos estos factores son determinantes para que las ventajas actuales se conviertan en crecimiento de largo plazo. La geografía acerca a México al mercado más importante del mundo, pero las decisiones internas definirán cuánto se aprovecha esa cercanía. Aquí la crítica constructiva es evidente: el país no puede seguir confiando únicamente en su posición geográfica, debe invertir en talento, en instituciones sólidas y en políticas públicas que den certidumbre a los inversionistas y a los ciudadanos.
La presentación del libro “Ocho décadas al servicio del comercio internacional” recordó que ICC México ha sido un actor clave en la construcción de propuestas y mejores prácticas para el comercio exterior. Esa memoria histórica es valiosa, pero también es un recordatorio de que las oportunidades no se repiten indefinidamente. México tiene tratados, capacidad industrial y experiencia exportadora, pero necesita definir cómo aprovechar todo ello en un contexto global marcado por la competencia feroz y el resurgimiento del proteccionismo.
Von Wobeser lo sintetizó en una frase que debería quedar grabada en la agenda nacional: la pregunta ya no será si México tuvo una oportunidad, sino qué hizo con ella. Esa afirmación obliga a reflexionar sobre la responsabilidad de los líderes políticos, empresariales y sociales. No basta con reconocer que existe una ventana de oportunidad, hay que actuar con visión estratégica para que esa ventana no se cierre sin haber dejado resultados tangibles. Yo Pregunto, ¿Está México preparado para convertir esta coyuntura en un verdadero motor de desarrollo o se limitará a ser espectador de las decisiones de otros países?
El análisis realista indica que el país tiene condiciones para contribuir a definir el futuro del comercio mundial, pero la coherencia y la credibilidad serán esenciales. La crítica constructiva apunta a que México debe dejar de lado la improvisación y apostar por políticas de largo plazo que fortalezcan su capacidad de innovación y su competitividad. La oportunidad está aquí y ahora, y no se trata de esperar a que el mundo decida, sino de asumir el papel de protagonista en la redefinición de las cadenas globales de valor.
La conclusión es clara: México tiene frente a sí una oportunidad económica de generación, pero el éxito dependerá de su capacidad para transformar ventajas en resultados concretos. La historia juzgará no si el país tuvo la oportunidad, sino qué hizo con ella. Yo Pregunto, ¿Será capaz la nación de responder con visión, responsabilidad y compromiso a este desafío que marcará su futuro económico y social?
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