Derecho a La Información.

Por: LUCIO RAMÍREZ MEDINA.

Claudia Calvin, se describe: soy fundadora de Mujeres Construyendo, que durante 18 años ha impulsado la voz, el liderazgo y la participación de las mujeres a través de la tecnología, y en esta ocasión nos habla de la geografía de la longevidad: en países desarrollados se traduce en bienestar, mientras que en América Latina implica precariedad, falta de cuidados y violencia, especialmente para mujeres.

En Japón, una persona puede envejecer con acceso a sistemas de cuidado, tecnología para la asistencia y políticas públicas diseñadas y pensadas para la vida de personas en edades avanzadas. En gran parte de América Latina, envejecer sigue significando depender de la familia, principalmente de las mujeres, navegar la informalidad y enfrentar la vejez sin redes suficientes de protección.

Esto nos lleva a preguntar cuál es la diferencia en el envejecimiento en el mundo, y la respuesta es dura. No es la edad lo que cambia; lo que hace la diferencia es el país en el que envejeces. La longevidad se ha convertido en uno de los fenómenos más importantes del siglo XXI. Hoy, la esperanza de vida global supera los 73 años y se espera que para 2050, una de cada seis personas en el mundo tenga más de 65 años.

Ese proceso, hay que decirlo, no está ocurriendo de manera homogénea. Mientras algunos países han logrado anticipar el envejecimiento poblacional y diseñar sistemas para gestionarlo, otros enfrentan una transición acelerada sin las estructuras necesarias para hacerlo. El resultado es un nuevo mapa global: no solo de países jóvenes y envejecidos, sino de países que pueden convertir la longevidad en oportunidad y aquellos donde se convierte en crisis.

Esta realidad no se vive igual en todas las latitudes. En América Latina, el envejecimiento está ocurriendo en condiciones muy distintas. La región enfrenta una transición demográfica acelerada, pero sin sistemas de protección social equivalentes. La informalidad laboral, la baja cobertura de pensiones y la debilidad de los sistemas de cuidado generan un escenario en el que envejecer no es necesariamente sinónimo de estabilidad y en donde la vulnerabilidad de las mujeres se acrecienta, por ser quienes vivirán más y en condiciones de precariedad y pobreza. De acuerdo con la CEPAL, una proporción significativa de las personas mayores en la región no cuenta con acceso a pensiones contributivas suficientes, lo que incrementa la dependencia económica en la vejez.

En este contexto, el envejecimiento no se traduce en oportunidad económica, sino en vulnerabilidad y esta desigualdad, además, tiene género.

En América Latina, el envejecimiento no solo ocurre en contextos de informalidad y sistemas de cuidado frágiles. Ocurre, además, en una de las regiones más violentas del mundo para las mujeres. Esto cambia radicalmente el significado de envejecer. No se trata únicamente de vivir más años con menos recursos, sino de hacerlo en entornos donde la inseguridad limita la movilidad, la autonomía y la posibilidad misma de habitar el espacio público.

Las mujeres viven más que los hombres, pero llegan a la vejez con menos ingresos, mayor carga acumulada de cuidados y mayor probabilidad de vivir solas. A nivel global, la esperanza de vida femenina es aproximadamente cinco años mayor que la masculina. En paralelo, América Latina concentra algunas de las tasas más altas de feminicidio en el mundo, lo que refleja un entorno estructural de violencia que no desaparece con la edad.

La combinación es profundamente problemática: más años de vida, en condiciones de mayor precariedad económica y en entornos inseguros. En este contexto, la longevidad puede convertirse en una etapa de mayor exposición a la vulnerabilidad, la dependencia y la violencia. La geopolítica de la longevidad es, en buena medida, una geopolítica de los cuidados, de la desigualdad y de la seguridad.

A esto se suma otro desafío: la tecnología. Mientras algunos países integran soluciones digitales, telemedicina y sistemas de apoyo tecnológico para acompañar el envejecimiento, otros enfrentan brechas de acceso que excluyen a amplios sectores de la población mayor. La longevidad, mediada por la tecnología, también se convierte en un factor de desigualdad.

*Licenciado y Maestro en Periodismo lurame_3@hotmail.com @luciorm

QUEREMOS LEER TU OPINIÓN, FORMA PARTE DE NOSOTROS COMPARTIENDO EN NUESTRO HASHTAG: #YoDigoYoPregunto.

SUSCRÍBETE SIN COSTO ALGUNO A NUESTRO PERIÓDICO yodigoyopregunto.com Y ACCEDE A NUESTRA INFORMACIÓN, TU VOZ CUENTA Y TU SUSCRIPCIÓN TAMBIÉN.

Deja un comentario

Tendencias