Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM
La voz de las víctimas se ha convertido en un grito de hartazgo. Familias enteras, jóvenes y trabajadores denuncian que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, bajo la conducción de José Luis Cervantes, ha fallado en su misión esencial: garantizar justicia. En lugar de resultados, lo que se multiplicó fueron las prácticas de fabricación de delitos, la corrupción interna y la indiferencia frente al dolor ciudadano.

El diputado local mexiquense Octavio Martínez Vargas ha señalado con firmeza que mientras la institución se distraía en perseguir inocentes y criminalizar sectores vulnerables, los verdaderos problemas crecían sin control. Los puntos de venta de drogas se expandieron como nunca antes, instalándose en calles, inmuebles abandonados e incluso en escuelas, poniendo en riesgo directo a niñas, niños y adolescentes. La omisión de la Fiscalía no solo es evidente, es criminal: permitió que el narcomenudeo se normalizara en comunidades que hoy viven bajo la sombra del miedo.

La corrupción, ese cáncer que carcome las instituciones, se refleja en expedientes manipulados, en carpetas de investigación que nunca avanzan y en un sistema que parece más preocupado por proteger intereses oscuros que por defender a la ciudadanía. Las víctimas, cansadas de tocar puertas cerradas, exigen respuestas, pero lo que reciben son excusas y simulaciones.

Martínez Vargas ha reiterado que no basta con discursos vacíos ni con estadísticas maquilladas. La realidad está en las calles: más violencia, más drogas, más impunidad. El legislador mexiquense advierte que la justicia debe blindarse contra la corrupción y que es urgente reorientar la labor de la Fiscalía hacia la verdadera protección de la sociedad.

En este escenario, la pregunta es inevitable: ¿De qué lado está la Fiscalía, del ciudadano o del delincuente? Mientras las víctimas claman por justicia, la institución se hunde en su propio descrédito. La exigencia es clara: menos fabricación de delitos y más resultados tangibles. Porque la justicia no puede seguir siendo un privilegio de unos cuantos, sino un derecho de todos.
CLAUDIA SHEINBAUM PARDO.
DELFINA GÓMEZ ÁLVAREZ.
OMAR GARCÍA HARFUCH.
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