Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM
Llegar cuatro horas antes de la inauguración del Mundial al estadio parece, para muchos, una hazaña reservada a los obsesivos de la organización. Sin embargo, en un país como México, donde la puntualidad suele ser un concepto flexible y hasta negociable, la idea de anticiparse con tanto margen se convierte en un reto cultural. Ayer mismo, la CNTE intentó irrumpir en las inmediaciones del estadio con la intención de obstaculizar el acceso, y fue frenada. Ese episodio no solo refleja la tensión política y social que acompaña a los grandes eventos, sino también la fragilidad de nuestra noción de tiempo y orden.
La puntualidad, más que un hábito, es un reflejo de identidad colectiva. En México, llegar tarde se ha normalizado como parte de la convivencia, y rara vez se asume como falta de respeto. Es un rasgo que se hereda y se reproduce en la vida cotidiana: en las reuniones familiares, en las oficinas, en las escuelas. Pero cuando se trata de un acontecimiento global como el Mundial, donde las reglas de acceso son estrictas y los protocolos internacionales no admiten improvisaciones, esa costumbre choca de frente con la realidad. No se trata solo de llegar a tiempo, sino de entender que la puntualidad es también una forma de respeto hacia el evento, hacia los demás asistentes y hacia la propia organización.
El intento de la CNTE de acercarse al estadio para generar obstáculos es un recordatorio de que la política mexicana no se detiene ni siquiera ante la fiesta del fútbol. La protesta, legítima en su origen, pierde fuerza cuando se convierte en un acto de sabotaje que afecta a miles de ciudadanos que solo buscan disfrutar de un espectáculo deportivo. Frenar esa irrupción fue necesario para garantizar que la inauguración no se viera empañada por conflictos ajenos al deporte. Pero más allá de la coyuntura, lo que queda en evidencia es la necesidad de que los mexicanos aprendamos a separar los tiempos: el de la protesta y el de la celebración, el de la exigencia social y el del entretenimiento colectivo.
Llegar cuatro horas antes al estadio no es un capricho. Es una medida de seguridad, de logística y de previsión. En un evento de tal magnitud, donde confluyen miles de personas de distintos países, cualquier retraso puede convertirse en caos. La puntualidad aquí no es una virtud opcional, sino una condición indispensable para que todo funcione. Y sin embargo, cuesta trabajo asumirlo. Nos incomoda la idea de esperar, nos parece excesivo, sentimos que el tiempo se desperdicia. Pero lo que realmente se desperdicia es la oportunidad de demostrar que podemos ser un país capaz de cumplir con estándares internacionales de organización.
La pregunta es si seremos capaces de olvidar, aunque sea por un día, esa arraigada costumbre de llegar tarde. Si podremos dejar atrás la tolerancia al retraso y asumir que la puntualidad es también un acto de responsabilidad ciudadana. El Mundial no es solo un torneo de fútbol; es una vitrina global en la que México se muestra al mundo. Y lo que se exhibe no es únicamente la calidad de nuestros jugadores, sino también la capacidad de nuestra sociedad para convivir en orden, para respetar reglas y para cumplir con compromisos básicos.
El reto es cultural, no logístico. Porque la infraestructura puede estar lista, las puertas pueden abrirse con anticipación, los filtros de seguridad pueden funcionar a la perfección. Pero si la gente llega tarde, todo se derrumba. La puntualidad es un hábito que se construye con disciplina y con conciencia, no con decretos ni con operativos. Y en ese sentido, el Mundial nos ofrece una oportunidad única: demostrar que podemos ser puntuales, que podemos anticiparnos, que podemos llegar a tiempo sin sentir que perdemos algo en el camino.
Difícil, sí. Porque cambiar una costumbre arraigada nunca es sencillo. Pero no imposible. Porque la presión de un evento internacional, la necesidad de cumplir con protocolos estrictos y el deseo de participar en una fiesta global pueden ser suficientes para que, al menos por un día, los mexicanos dejemos de lado la tolerancia al retraso. Que aprendamos que llegar temprano no es una pérdida, sino una ganancia. Que entendamos que la puntualidad no es un lujo, sino una obligación. Y que, al final, podamos recordar que México también sabe llegar a tiempo cuando el mundo lo está mirando.
QUEREMOS LEER TU OPINIÓN, FORMA PARTE DE NOSOTROS COMPARTIENDO EN NUESTRO HASHTAG: #YoDigoYoPregunto.
SUSCRÍBETE SIN COSTO ALGUNO A NUESTRO PERIÓDICO yodigoyopregunto.com Y ACCEDE A NUESTRA INFORMACIÓN, TU VOZ CUENTA Y TU SUSCRIPCIÓN TAMBIÉN.






Deja un comentario