De: KAREN PIMPO.

En una película, un héroe que lucha contra el crimen parece librar una guerra ya perdida. Su ciudad no solo está plagada de violencia, sino que la policía, los tribunales y los funcionarios públicos también son corruptos. Varias veces, siente la tentación de abandonar la ciudad. Pero se da cuenta de que la gente necesita esperanza, y elige quedarse.

Ese mundo ficticio no es muy diferente del nuestro. El mal está presente. Los que están en el poder nos decepcionarán. Pero, felizmente, Dios nunca abandona a su pueblo. Vemos evidencia de esto en el cántico de alabanza del rey David tras el traslado del arca del pacto a Jerusalén. Exhortó a su pueblo a alabar a Dios, quien «hace memoria de su pacto perpetuamente» (1 Crónicas 16:15) y los condujo con fidelidad a la tierra prometida (v. 18).

A pesar de las amenazas de poderosas naciones enemigas a Israel y de las murmuraciones e idolatría de su pueblo, Dios «no permitió que nadie los oprimiese» (v. 21). Guio a los israelitas por el desierto, mostrando poder (v. 11), maravillas y prodigios (v. 12), y juicios justos (v. 14). Debido al gran amor de Dios (v. 34), su pueblo tenía esperanza para el futuro. Hoy podemos confiar en que Dios no nos abandonará; Él es más fuerte que cualquier mal al que nos enfrentemos.

REFLEXIÓN:

¿Qué situación en tu vida parece irremediable? ¿Cómo ves que Dios sigue obrando?

#YoDigoYoPregunto

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