De: MÓNICA LA ROSE.
En una carta del 13 de septiembre de 1943 —cinco meses después de su encarcelamiento por oponerse al régimen nazi—, Dietrich Bonhoeffer les escribió a sus padres. Pidió libros y papel. Agradeció la ayuda que le habían prestado y dijo: «Es una sensación extraña depender tanto de los demás, pero te enseña a ser agradecido, y espero no olvidarlo nunca. En la vida cotidiana, no nos damos cuenta de que recibimos mucho más de lo que damos, y que solo con gratitud la vida se vuelve rica».
En 2 Timoteo, escribiendo mientras estaba encarcelado, el apóstol Pablo también expresó su profunda gratitud a quienes lo habían amado y cuidado (1:3-4, 16). Le pidió a Timoteo que le llevara sus «libros, mayormente los pergaminos» (4:13).
Y ensalzó el mayor don que Dios ha dado: «nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús» (1:9). La gracia revelada a través de Cristo le dio a Pablo paz y propósito incluso en su sufrimiento.
Dietrich Bonhoeffer fue ejecutado el 9 de abril de 1945. Se cree que Pablo fue ejecutado poco después de escribir 2 Timoteo. Pero ambos podrían dar testimonio de la bondad de un Dios que siempre da mucho más de lo que nosotros podríamos dar a cambio.
REFLEXIÓN:
¿De qué manera has experimentado el cuidado de los demás? ¿Cómo te ha cambiado la gratitud?
#YoDigoYoPregunto





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