De: NANCY GAVILANES.
El mundo vio horrorizado en las noticias cómo el helicóptero turístico que sobrevolaba el río se hacía pedazos, con el piloto y una familia de cinco miembros atrapados en su interior. Pocos días después, un muchacho que había perdido gran parte de su familia en la tragedia estaba en el lugar honrando a sus seres queridos. «Se fueron juntos», dijo.
La vida puede cambiar en un instante. Job también sufrió pérdidas y penas indecibles. Un trágico día, unos mensajeros le informaron que sus criados habían sido asesinados y su ganado robado o muerto (Job 1:13-17). Después, recibió una noticia aún más devastadora. Mientras sus siete hijos y tres hijas estaban juntos, un fuerte viento derrumbó la casa en la que estaban, matándolos (vv. 18-19). «Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró» (v. 20). Angustiado, exclamó: «el Señor dio, y el Señor quitó; sea el nombre del Señor bendito» (v. 21).
Job no sabía por qué tenía que sufrir, pero aun en su hora más oscura, adoró a Dios. Rompiendo su silencio, Dios le recordó a Job su gran sabiduría y poder, y este pudo confiar en el plan soberano del Señor (caps. 38–42).
Quizá nunca entendamos por qué ocurren las tragedias, pero podemos llevar nuestro dolor a Dios, quien nos consuela.
REFLEXIÓN:
¿Cuándo te ha consolado Dios durante una tragedia? ¿Cómo puedes confiar en Él en medio de tu dolor?






Deja una respuesta