De: WINN COLLIER.
Un cactus saguaro nunca tiene prisa por crecer y florece en climas áridos. En 10 años, puede crecer apenas 4 centímetros; tardar 35 años en florecer y 50 años en formarse sus ramas. Sin embargo, puede vivir hasta 200 años, alcanzar casi 15 metros de altura y pesar hasta dos toneladas. A lo largo de su vida, produce nada menos que cuarenta millones de semillas. El crecimiento de un saguaro es lento pero persistente.
Jesús utilizó imágenes agrícolas para describir cómo sus creyentes crecen en el reino de Dios. Al contar una parábola de semillas sembradas en diversos tipos de tierra, concluyó describiendo cómo la última semilla «cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno» (Lucas 8:8). Cristo explicó cómo esas semillas «en buena tierra» son las que «con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia» (v. 15). Hay un fuerte rendimiento, un crecimiento abundante, pero solo llega cuando recibimos la sabiduría de Dios y permitimos que el Espíritu Santo nos haga crecer.
Así suele funcionar el crecimiento espiritual. Podemos tener rachas explosivas, pero nuestro progreso será en general lento, mientras recibimos la sabiduría de Dios, seguimos sus caminos y observamos la obra del Espíritu.
REFLEXIÓN:
¿En qué te impacienta la lentitud del crecimiento espiritual? ¿Cómo puedes relajarte y confiar?
#YoDigoYoPregunto





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