Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM
El glaucoma, la retinopatía diabética y las cataratas son tres enemigos silenciosos que acechan la salud visual de los adultos mayores en el Estado de México. No se trata solo de estadísticas médicas, sino de una realidad que afecta directamente la autonomía y la calidad de vida de miles de personas. El oftalmólogo Jairo Sánchez Uriegas ha insistido en que la prevención es la única herramienta capaz de detener el avance de la ceguera, una condición que en ocho de cada diez casos puede evitarse con diagnóstico y tratamiento oportunos. Yo Pregunto, ¿Por qué seguimos esperando a que la vista se nuble para acudir al médico, cuando la prevención podría mantenernos viendo con claridad el mundo que nos rodea?
La salud visual después de los 60 años no debería ser un lujo ni una excepción. En el Instituto Oftavisión, más de la mitad de los pacientes atendidos anualmente son adultos mayores, con una edad promedio de 72 años. Este dato revela una tendencia que va más allá de los consultorios: el envejecimiento poblacional exige políticas públicas que garanticen atención oftalmológica accesible y constante. Para 2040, según el Consejo Nacional de Población, México tendrá cerca de 28 millones de personas mayores, una cifra que obliga a repensar la estructura de los servicios de salud y la manera en que se aborda la prevención. Yo Pregunto, ¿Estamos preparados para cuidar la vista de una generación que envejece más rápido de lo que el sistema puede adaptarse?
El envejecimiento no solo implica arrugas o canas; también significa enfrentar cambios fisiológicos que pueden alterar la percepción del entorno. La pérdida gradual de visión afecta la movilidad, incrementa el riesgo de caídas y fracturas, y puede derivar en aislamiento social. La vista, más que un sentido, es una herramienta de independencia. Cuando se deteriora, la persona pierde no solo nitidez, sino confianza. Por eso, acompañar a los adultos mayores a sus revisiones médicas no es un gesto menor: es una forma de cuidar su dignidad y su seguridad. Yo Pregunto, ¿Cuántas veces hemos normalizado que un abuelo tropiece o no reconozca rostros, sin pensar que detrás puede haber una enfermedad prevenible?
El Estado de México concentra una de las mayores poblaciones de adultos mayores del país, con casi dos millones de personas mayores de 60 años. La Secretaría de Salud estima que cerca de cuatro millones de mexiquenses presentan algún grado de baja visión o problemas refractivos no corregidos, como miopía o astigmatismo. Estas cifras no son simples registros administrativos; son el reflejo de una deuda social con quienes construyeron el presente y merecen en su vejez una atención integral. La vista no debería perderse por descuido, sino protegerse como parte esencial del bienestar.
Las revisiones periódicas son la clave. Una consulta anual puede marcar la diferencia entre conservar la visión o perderla de manera irreversible. Los síntomas más comunes —visión borrosa, halos, dificultad para conducir de noche o pérdida de visión periférica— suelen aparecer de forma gradual, lo que lleva a muchos a ignorarlos. En el caso de quienes viven con diabetes, el riesgo se multiplica. La retinopatía diabética puede avanzar sin dolor ni señales evidentes, y cuando se detecta tarde, el daño ya es irreversible. Mantener el control médico y realizar el examen de fondo de ojo recomendado es una medida básica, pero vital.
El Día del Abuelo debería ser más que una fecha con flores y felicitaciones. Debería ser un recordatorio de que cuidar la salud visual es cuidar la autonomía, la seguridad y la calidad de vida. Acompañar a una persona mayor a una revisión oftalmológica es un acto de amor y responsabilidad. No se trata solo de ver bien, sino de seguir viendo el mundo con plenitud, con la misma claridad con la que se ha vivido. Yo Pregunto, ¿No es acaso la vista el espejo más fiel de la experiencia y la memoria que cada persona acumula con los años?
La prevención no es una tarea exclusiva de los médicos, sino una responsabilidad compartida entre familias, instituciones y sociedad. Envejecer con visión es posible, pero requiere conciencia, compromiso y acción. Porque perder la vista no debería ser el destino inevitable de la edad, sino la consecuencia de una indiferencia que aún podemos corregir.
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