Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM

La reunión de seguimiento al Plan Integral de la Zona Oriente del Estado de México encabezada por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez en la Secretaría de Gobernación refleja un intento serio de atender un rezago urbano que durante décadas se acumuló sin respuestas efectivas. La estrategia impulsada por Nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reunió a autoridades federales, estatales y municipales, con la participación de Raúl Armando Quintero Martínez, coordinador del INAFED, además de representantes de dependencias como CONAGUA, la SEP, la SICT, el IMSS-Bienestar y la Universidad Rosario Castellanos, junto con presidentas y presidentes municipales de Ixtapaluca, Ecatepec, Chimalhuacán, Chalco, La Paz, Texcoco, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla y Valle de Chalco. La magnitud de la convocatoria confirma que el tema dejó de ser periférico y se convirtió en prioridad política.

El discurso de la gobernadora sobre saldar una deuda histórica con la región es contundente, pero también obliga a reconocer que esa deuda se acumuló por omisiones de gobiernos anteriores y por la falta de visión metropolitana. La proliferación de conjuntos habitacionales sin servicios básicos, la precariedad de infraestructura escolar y sanitaria, así como la insuficiencia de vialidades funcionales, son testimonio de un modelo urbano agotado. La crítica constructiva apunta a que este plan no puede quedarse en diagnósticos ni en anuncios, debe traducirse en resultados tangibles que la población perciba en su vida cotidiana.

La presentación de avances en infraestructura urbana, recursos hídricos y saneamiento es positiva, pero la verdadera prueba está en la ejecución. La experiencia demuestra que proyectos de esta magnitud suelen naufragar entre trámites burocráticos, presupuestos insuficientes y corrupción local. Por ello, la coordinación entre niveles de gobierno debe acompañarse de mecanismos de supervisión estrictos, transparencia en la asignación de recursos y continuidad en las obras. La población de la Zona Oriente no necesita discursos, requiere agua potable en sus hogares, escuelas dignas para sus hijos, hospitales equipados y vialidades que reduzcan los tiempos de traslado.

El reto es monumental, pero también representa una oportunidad histórica. Si las autoridades logran romper con la inercia de abandono y discrecionalidad, la Zona Oriente podría convertirse en ejemplo de cómo la política pública transforma realidades. De lo contrario, quedará como un esfuerzo más en la larga lista de promesas incumplidas. La deuda con millones de mexiquenses exige compromiso auténtico y capacidad institucional para que el derecho a la ciudad deje de ser aspiración y se convierta en realidad palpable.

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