Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM

El abstencionismo no es un fenómeno pasajero ni una cifra fría en las estadísticas electorales del Estado de México; es una constante que ha marcado tres décadas de procesos democráticos y que revela, con crudeza, la distancia entre ciudadanía y política. La evidencia es clara: cuando las elecciones coinciden con la presidencial, la participación se eleva, pero cuando se trata de comicios locales, el desinterés se impone y el ausentismo se convierte en protagonista. Esta dinámica no solo refleja apatía, sino también una percepción arraigada de que lo local importa menos, cuando en realidad es ahí donde se toman decisiones que afectan directamente la vida cotidiana.

El reto es doble. Por un lado, los partidos políticos han fallado en construir narrativas que conecten con la ciudadanía en el ámbito municipal y estatal. Por otro, los ciudadanos han asumido que su voto pesa más en la elección presidencial, como si el poder de decidir se concentrara únicamente en la figura nacional. Esa visión reduccionista ha debilitado la democracia local y ha permitido que estructuras políticas se perpetúen sin contrapesos reales. El abstencionismo, entonces, no es solo una falta de interés, sino una forma de renuncia que abre la puerta a que pocos decidan por muchos.

En estas tres décadas, figuras públicas han transitado por campañas que repiten fórmulas gastadas: promesas generales, discursos de cercanía y compromisos que rara vez se cumplen. La consecuencia es un desencanto acumulado que se traduce en abstención. La ciudadanía observa cómo los mismos nombres se reciclan y cómo las instituciones electorales se esfuerzan en promover la participación sin lograr revertir la tendencia. La pregunta es inevitable: ¿qué se necesita para que el ciudadano mexiquense sienta que su voto local tiene el mismo peso que el federal? La respuesta no está en campañas de marketing, sino en resultados tangibles, en gobiernos que rindan cuentas y en partidos que se atrevan a abrir sus candidaturas a perfiles con credibilidad.

El abstencionismo también desnuda una realidad incómoda: la política local ha sido vista como un espacio de negociación de élites más que como un terreno de representación ciudadana. Cuando los votantes perciben que las decisiones se toman en círculos cerrados, la motivación para acudir a las urnas se diluye. Tres décadas de elecciones muestran que la democracia mexiquense necesita oxígeno, necesita procesos transparentes y necesita que los actores políticos reconozcan que la legitimidad no se construye con discursos, sino con hechos. El ciudadano exige respeto, coherencia y resultados, y cuando no los encuentra, opta por la abstención como forma de protesta silenciosa.

No se trata de culpar únicamente a los partidos. La sociedad también debe asumir que la democracia se fortalece con participación activa. El voto es un derecho, pero también una responsabilidad. Renunciar a ejercerlo es dejar que otros decidan el rumbo de la comunidad. Tres décadas de abstencionismo en el Estado de México son una llamada de atención: la democracia no puede sostenerse si la mayoría se ausenta. La participación debe ser vista como un acto de defensa de lo propio, como la manera más directa de exigir cambios y de frenar abusos.

El futuro inmediato plantea un desafío mayor. Con nuevas generaciones que se informan de manera distinta y que desconfían de la política tradicional, los partidos deben reinventarse y las instituciones deben garantizar procesos claros y confiables. El abstencionismo no puede seguir siendo la constante que define las elecciones locales. Si la ciudadanía logra comprender que lo municipal y lo estatal son espacios donde se decide la calidad de los servicios, la seguridad y las oportunidades, entonces la participación podrá crecer. Pero si se mantiene la idea de que solo la elección presidencial importa, el ausentismo seguirá debilitando la democracia.

Tres décadas son suficientes para reconocer que el abstencionismo es un síntoma de una enfermedad más profunda: la falta de confianza en la política. Recuperar esa confianza exige voluntad, transparencia y resultados. El Estado de México no puede seguir atrapado en la paradoja de una ciudadanía que exige cambios, pero que se ausenta cuando tiene la oportunidad de decidir. La democracia se construye con votos, con presencia y con compromiso. El abstencionismo, si no se enfrenta con seriedad, seguirá marcando las elecciones y seguirá siendo el reflejo de una sociedad que observa, critica, pero no participa.

QUEREMOS LEER TU OPINIÓN, FORMA PARTE DE NOSOTROS COMPARTIENDO EN NUESTRO HASHTAG: #YoDigoYoPregunto.

ANUNCIATE EN: yodigoyopregunto.com

SUSCRÍBETE SIN COSTO ALGUNO A NUESTRO PERIÓDICO yodigoyopregunto.com Y ACCEDE A NUESTRA INFORMACIÓN, TU VOZ CUENTA Y TU SUSCRIPCIÓN TAMBIÉN.

Deja un comentario

Tendencias