Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM
El rechazo de Marcelo Ebrard a las acusaciones de que México sirve como puente para que China evada aranceles hacia Estados Unidos abre un debate que no puede quedarse en la superficie. El secretario de Economía asegura que presentará datos para demostrar que nuestro país no participa en triangulaciones de mercancías, pero la discusión va más allá de un informe de la Casa Blanca: se trata de la credibilidad de México en el comercio internacional y de la manera en que se enfrenta a las tensiones geopolíticas que hoy marcan la economía global.
La acusación no es menor. Estados Unidos ha endurecido su postura frente a China, imponiendo aranceles y restricciones que buscan frenar la expansión de productos asiáticos en su mercado. En ese contexto, cualquier sospecha de que México pueda ser utilizado como plataforma para disfrazar el origen de las mercancías golpea directamente la confianza en el T-MEC y en la seriedad de nuestra política comercial. Ebrard responde con firmeza, pero la pregunta de fondo es si México está preparado para blindarse contra prácticas que, aunque no sean oficiales, pueden darse en la sombra de las cadenas de suministro.
El análisis crítico obliga a reconocer que México se encuentra en una posición delicada. Por un lado, es socio estratégico de Estados Unidos y depende en gran medida de ese mercado para sostener sus exportaciones. Por otro, mantiene relaciones comerciales con China que, aunque no son tan profundas como las que tiene con su vecino del norte, representan una fuente creciente de inversión y de intercambio. Negar la triangulación es necesario, pero también lo es demostrar con hechos que los mecanismos de control aduanero y de trazabilidad funcionan de manera transparente y eficaz. La credibilidad no se gana con declaraciones, se gana con datos verificables y con políticas que cierren cualquier resquicio de duda.
La crítica constructiva apunta a la necesidad de fortalecer las instituciones encargadas de vigilar el comercio exterior. La aduana mexicana, históricamente señalada por corrupción y por falta de modernización, debe convertirse en un bastión de confianza. La digitalización de procesos, la cooperación internacional y la transparencia en los registros de importación y exportación son herramientas indispensables para evitar que México sea percibido como un eslabón débil en la cadena. No basta con negar, hay que demostrar. Y esa demostración debe ser pública, verificable y constante.
El contexto internacional añade presión. Estados Unidos no solo busca frenar a China, también quiere asegurarse de que sus socios cumplen con las reglas del juego. Cualquier señal de complacencia o de debilidad puede ser utilizada como argumento para imponer nuevas restricciones o para cuestionar la validez del T-MEC. México, entonces, debe actuar con visión estratégica: no se trata de quedar bien con uno u otro socio, sino de garantizar que su papel en el comercio global se sostiene en la legalidad y en la confianza.
La economía mexicana enfrenta un reto adicional: la necesidad de diversificar sus mercados. Depender en exceso de Estados Unidos convierte cada acusación en un riesgo sistémico. Si mañana se cuestiona la transparencia de nuestras exportaciones, el impacto no será solo diplomático, será económico, con repercusiones en inversión, empleo y estabilidad cambiaria. Por eso, la crítica no debe quedarse en la defensa coyuntural de Ebrard, sino en la construcción de una política comercial que reduzca vulnerabilidades y que coloque a México como un actor confiable en cualquier escenario.
En conclusión, la negativa del secretario de Economía es un paso necesario, pero no suficiente. México debe demostrar con hechos que no es cómplice de triangulaciones, que sus instituciones funcionan y que su compromiso con la legalidad comercial es real. La economía no se sostiene en discursos, se sostiene en confianza. Y esa confianza, en tiempos de tensiones geopolíticas, es el activo más valioso que un país puede ofrecer. La crítica constructiva es clara: blindar las aduanas, transparentar los procesos y diversificar los mercados. Solo así México podrá enfrentar con solidez las acusaciones y demostrar que su papel en el comercio internacional no es el de un intermediario sospechoso, sino el de un socio confiable y estratégico.
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