Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM

La revelación de insumos médicos caducos en un hospital infantil, valuados en 18 millones de pesos, no es un hallazgo aislado ni un error administrativo menor. Es el síntoma de un problema estructural que se extiende a lo largo y ancho del sistema de salud, sin importar la dependencia médica de la que hablemos. Lo más grave es que, al hacer un cálculo más amplio, se estima que el valor de medicamentos vencidos asciende a 121 millones de pesos. Una cifra que no solo refleja desperdicio económico, sino negligencia institucional y un atentado directo contra la salud pública.

La pregunta que surge es inevitable: ¿Hasta ahorita se dieron cuenta o hasta ahorita tuvieron el tiempo para averiguar este asunto? Porque la caducidad de un medicamento no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso que se puede prever, que se debe monitorear y que, en un sistema responsable, jamás debería llegar al punto de acumular millones en pérdidas. El hecho de que se haya permitido semejante negligencia abre la puerta a cuestionar no solo a los responsables inmediatos, sino a toda la cadena de mando que toleró, ignoró o encubrió esta anomalía.

La Secretaría de Salud ha externado que se determinarán responsables. Pero aquí la crítica constructiva exige claridad: ¿A partir de qué tiempo, en qué sexenio, se iniciarán las investigaciones? ¿Se señalará únicamente a los funcionarios actuales o se rastreará la omisión hasta administraciones pasadas? Porque la justicia no puede ser selectiva ni parcial; debe caer sobre quien resulte culpable, sin importar el cargo, el partido o la época en que se cometió la falta. De lo contrario, estaremos frente a un nuevo episodio de simulación política, donde se anuncian investigaciones que nunca llegan a conclusiones reales.

El problema de los medicamentos caducos no es solo económico. Es ético, es humano, es social. Cada caja vencida representa un niño que no recibió el tratamiento adecuado, un adulto mayor que fue privado de atención o un paciente que tuvo que esperar mientras los recursos se desperdiciaban en bodegas olvidadas. La salud no admite negligencias, porque detrás de cada cifra hay vidas que dependen de un sistema que debería garantizar calidad y oportunidad.

La crítica constructiva aquí no es solo señalar el error, sino exigir un cambio de raíz. Se necesita un sistema de control transparente, con auditorías periódicas y con sanciones ejemplares. No basta con descubrir el problema; hay que impedir que se repita. La sociedad merece saber cómo se administran los recursos, quién vigila las fechas de caducidad y qué protocolos existen para evitar que los medicamentos se conviertan en basura costosa. La opacidad es el terreno fértil de la corrupción, y la salud pública no puede seguir siendo víctima de esa dinámica.

Yo Pregunto: ¿Qué tan difícil es implementar un sistema digital que registre en tiempo real la entrada y salida de insumos médicos, que alerte sobre fechas próximas a vencer y que obligue a las autoridades a actuar antes de que el daño sea irreversible? La tecnología existe, los recursos también. Lo que falta es voluntad política y compromiso ético. Mientras tanto, los millones se acumulan en pérdidas y los pacientes en carencias.

La justicia debe ser pronta y efectiva. No puede esperar a que se acomoden intereses ni a que se negocien responsabilidades. La salud es un derecho, no un privilegio, y cada peso mal administrado es un golpe directo a la confianza ciudadana. Si se habla de responsables, que se hable con nombres y apellidos, con procesos judiciales claros y con sanciones que sirvan de ejemplo. Porque de nada sirve anunciar investigaciones si al final todo queda en el olvido.

La columna no busca solo denunciar, sino proponer: transparencia, control, sanción y prevención. Porque la salud no admite improvisaciones ni negligencias. Hoy se descubren medicamentos caducos, mañana puede ser equipo médico obsoleto o infraestructura abandonada. El patrón es el mismo: descuido, corrupción y falta de responsabilidad. Y la pregunta sigue vigente: ¿hasta ahorita se dieron cuenta o hasta ahorita tuvieron el tiempo para averiguar este asunto? La respuesta, más que un discurso, debe ser acción inmediata y justicia real.

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