Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM

La política internacional parece un teatro donde los actores principales ensayan discursos de reconciliación mientras, tras bambalinas, continúan las mismas escenas de violencia que dicen querer erradicar. Israel e Irán anuncian con bombo y platillo el fin de su enemistad histórica, un gesto que en apariencia debería marcar un antes y un después en la región. Sin embargo, mientras los reflectores iluminan esa supuesta tregua, las ofensivas contra Líbano no cesan. Entonces, ¿qué clase de paz es la que se firma con una mano mientras con la otra se aprieta el gatillo?

El anuncio de reconciliación entre dos enemigos tradicionales debería ser motivo de esperanza. Pero la realidad es que los misiles siguen cayendo sobre suelo libanés, las incursiones militares continúan y la población civil paga el precio de una guerra que se disfraza de diplomacia. La contradicción es tan evidente que raya en lo grotesco: se habla de paz mientras se practica la guerra. Es como si la palabra se hubiera convertido en un recurso vacío, un plato de lengua que se sirve para la foto, pero que no alimenta ni sacia la necesidad de justicia.

La pregunta inevitable es si este aparente fin de enemistad es genuino o si se trata de una cortina de humo para desviar la atención internacional. Porque mientras se repite el discurso de reconciliación, los hechos muestran otra cosa. Líbano se convierte en el escenario donde se mide la verdadera intención de quienes dicen haber enterrado viejas rencillas. Y lo que se observa es que la lógica de la fuerza sigue imponiéndose sobre la lógica del diálogo.

El problema no es solo la incoherencia política, sino la falta de credibilidad que generan estas contradicciones. ¿Cómo confiar en un acuerdo de paz cuando los cañones siguen disparando? ¿Cómo creer en la voluntad de reconciliación cuando la sangre derramada en Líbano contradice cada palabra pronunciada en las cumbres diplomáticas? La credibilidad se construye con hechos, no con discursos. Y los hechos, hasta ahora, muestran que la enemistad quizá cambió de escenario, pero no desapareció.

La región se encuentra atrapada en un ciclo de promesas incumplidas. Israel e Irán dicen haber puesto fin a su rivalidad, pero la violencia se traslada hacia un tercer actor que se convierte en víctima colateral. Líbano, una nación que ya carga con décadas de conflictos, vuelve a ser el tablero donde se juega la partida de poder. Y es ahí donde se revela la verdadera naturaleza de los acuerdos: no son pactos de paz, sino estrategias de conveniencia que se ajustan a los intereses del momento.

La comunidad internacional observa con escepticismo. Los discursos diplomáticos pierden fuerza cuando se contrastan con las imágenes de destrucción en Beirut y en las aldeas fronterizas. La paz no puede ser un eslogan vacío, ni un recurso para ganar tiempo. Si Israel e Irán realmente quieren demostrar que su enemistad ha terminado, el primer paso debería ser detener las ofensivas en Líbano. De lo contrario, lo que se firma en papel se convierte en una burla para quienes sufren las consecuencias en carne propia.

La historia reciente nos ha enseñado que las palabras sin acciones son humo. Y en Medio Oriente, el humo no solo nubla la vista, también asfixia. La reconciliación anunciada entre Israel e Irán podría ser un punto de inflexión, pero mientras las bombas sigan cayendo, será imposible creer que la enemistad terminó. Porque la paz no se mide en declaraciones, se mide en la capacidad de detener la violencia. Y hasta ahora, esa capacidad brilla por su ausencia.

En conclusión, lo que vemos es un doble discurso: se habla de paz mientras se practica la guerra. Se firma el fin de una enemistad mientras se abre otra herida en Líbano. Y la pregunta que queda flotando es si acaso la política internacional se ha reducido a un menú de palabras vacías, donde de lengua se comen uno o varios platos, pero de hechos no se sirve ninguno. La credibilidad está en juego, y mientras no se detenga la ofensiva, la reconciliación será solo un espejismo más en el desierto de promesas incumplidas.

PIE DE FOTO: Imagen del portavoz del Comando Unificado de Operaciones Khatam al-Anbiya.

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