De: KIRSTEN HOLMBERG.
Cuando Malena comenzó con dolores de cabeza frecuentes, se descubrió que tenía un tumor benigno en la glándula pituitaria. Era del tamaño de una ciruela y lo extirparon quirúrgicamente en 2003, y de nuevo en 2006, cuando reapareció. Luego, en 2017, cuando volvió por tercera vez, Malena se sometió a un tratamiento de radiación que le provocó la pérdida del cabello. Su hijo Mateo, de veintisiete años, decidió dejarse crecer el pelo para hacerle una peluca.
Su acto generoso y de amor ilustra cómo las habilidades y recursos de una persona pueden suplir las necesidades de otros. En su carta a los filipenses, Pablo destaca la belleza de esta generosidad recíproca. Los creyentes allí compartieron en su «tribulación» y proveyeron «una y otra vez para [sus] necesidades» (Filipenses 4:14, 16). Al recibir sus ofrendas, Pablo reconoció que Dios le había provisto en abundancia.
Nuestra disposición a compartir con otros suele ser el canal por el cual Dios provee en nuestras vidas. A veces, podemos dar nuestro tiempo, talento o recursos; otras veces, somos nosotros quienes necesitamos depender del apoyo de los demás. A través de la obra de su Espíritu en nosotros, nuestra ofrenda es «agradable a Dios» y una manifestación de la vida que compartimos como cuerpo de Cristo (v. 18).
REFLEXIÓN:
¿Cuándo ha suplido Dios tus necesidades a través de otra persona? ¿Cómo podría Él proveer a otros mediante tu generosidad hoy?
#YoDigoYoPregunto





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