Por: YODIGOYOPREGUNTO.COM

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, lanza una advertencia: los cárteles podrían usar drones contra Estados Unidos. La declaración, más que un aviso técnico, se convierte en un mensaje ambiguo que deja abierta la interpretación: ¿se está quejando, nos está informando o nos está amenazando a todos? Porque en el fondo, lo que se expone no es solo el riesgo de que grupos criminales adopten tecnología, sino la contradicción de un país que ha hecho del uso de drones una práctica cotidiana para espiar, intimidar y controlar territorios ajenos.

Estados Unidos no es inocente en esta historia. Sin decir “agua va”, ha desplegado drones espías en países donde decide que tiene intereses, sean estratégicos, económicos o militares. Los drones se han convertido en el símbolo de su poder silencioso, capaces de vigilar desde el aire, de intervenir sin pisar suelo extranjero y de imponer miedo sin necesidad de declarar guerra. La advertencia de Rubio parece olvidar que el propio gobierno estadounidense ha normalizado el uso de esta tecnología como herramienta de presión, tanto como lo ha hecho con sus aranceles o con sus ingresos ilegales que penetran en economías vulnerables.

La acusación de que los cárteles podrían usar drones es realista en términos técnicos: la tecnología está al alcance, los grupos criminales tienen recursos y la capacidad de adaptarse. Pero el mensaje se vuelve hipócrita cuando proviene de un país que ha convertido los drones en instrumentos de espionaje global. La amenaza que Rubio plantea es la misma que Estados Unidos ya ejerce sobre otros. La diferencia es que ahora se coloca en el papel de víctima, cuando en realidad ha sido verdugo en múltiples escenarios.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no se ha quedado callado. Ha tachado a Estados Unidos como “enemigo mortal” de todo país latinoamericano, y lo hace con razón: la política exterior estadounidense ha tratado a la región como patio trasero, imponiendo condiciones, sanciones y vigilancia. Los drones son solo una pieza más de ese engranaje de control. La advertencia de Rubio, en ese contexto, suena más a un intento de justificar futuras acciones que a un verdadero llamado de alerta. Porque si los cárteles usan drones, Estados Unidos tendrá la excusa perfecta para intensificar su intervención, y lo hará bajo el argumento de la seguridad nacional.

La pregunta que surge es incómoda: ¿quién amenaza más, los cárteles con drones o Estados Unidos con su poder aéreo ilimitado? La respuesta no es sencilla, pero la balanza se inclina hacia el país que tiene la capacidad de desplegar tecnología militar en cualquier rincón del planeta. Los cárteles son un problema interno y regional, pero Estados Unidos es un actor global que ha demostrado que no necesita permiso para vigilar, intervenir y presionar. La advertencia de Rubio, entonces, parece más un discurso de victimización que una reflexión honesta sobre el papel de su propio país.

La doble moral es evidente. Estados Unidos se alarma por la posibilidad de que los drones sean usados contra ellos, pero no se detiene a reconocer que ha usado esos mismos drones para intimidar a otros. La amenaza que denuncia es la misma que practica. Y en esa contradicción, la credibilidad se erosiona. Los países latinoamericanos, cansados de ser objeto de espionaje y presión, ven en estas declaraciones un reflejo de la arrogancia estadounidense. Lula da Silva lo sintetiza con crudeza: Estados Unidos es un enemigo mortal porque no respeta fronteras ni soberanías.

La columna vertebral de este debate no es la tecnología, sino la coherencia. Los drones son herramientas, lo que importa es cómo se usan y con qué propósito. Los cárteles representan un riesgo, sí, pero Estados Unidos representa un riesgo mayor cuando convierte la vigilancia aérea en política exterior. La advertencia de Rubio debería ser un llamado a la reflexión interna, no una amenaza velada hacia el mundo. Porque mientras Estados Unidos siga usando drones para espiar y controlar, cualquier discurso sobre el peligro de que otros los usen será visto como lo que es: una muestra más de su doble moral.

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