Por: GILBERTO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ.
A veces el dolor llega sin avisar.
A veces el dolor se siente inútil.
Son temporadas en las que la vida no solo duele, sino que te cuestiona.
Te despiertas llevando dolor que no ordenaste, peleando batallas que no empezaste y presiones que no elegiste. Y en ese lugar, tu alma comienza a susurrar la misma pregunta que Salomón se atrevió a decir en voz alta:
“Sin sentido… todo no tiene sentido. (Eclesiastés 1:2)

Salomón (en Eclesiastés) miró honestamente el dolor de la vida bajo el sol: trabajo que nunca termina, pérdida que nunca pide permiso, resultados que no puedes controlar y dolor que no viene con una explicación.
No estaba siendo infiel; estaba siendo sincero. Algunos días la lucha se siente como vapor en tus manos, allí, pero imposible de sostener. (Eclesiastés 1:14)
“Y aquí está la dura verdad que no nos gusta admitir: el dolor no tendría sentido si no tuviera propósito.” Pero solo para los que aman a Dios…Esto es para los que conforme a su propósito hemos sido llamados.”
Si el sufrimiento fuera al azar, si las lágrimas se desperdiciaran, si las pruebas no tuvieran redención, entonces sí, sería vano.
Pero nosotros no vivimos en un mundo abandonado por Dios. Ignorados por Dios, indiferentes a Dios.
Las escrituras no pretenden que el dolor sea agradable, pero insiste en que el dolor y las aflicciones tienen un propósito.
Dios trabaja en todas las cosas, no en algunas cosas, no sólo en las cosas fáciles. sino en TODAS las cosas, para el bien de quienes le aman. (Romanos 8:28)
Está cerca de los quebrantados de corazón. (Salmo 34:18)
Las pruebas producen perseverancia… madurez… fuerza. (Santiago 1:2-4)
Incluso lo que el enemigo significa para hacer daño, Dios puede cambiar para bien. (Génesis 50:20)
Eso no significa que cada herida, cada enfermedad, cada escasez, cada ofensa, tenga sentido en el momento. A menudo, no lo hace. A veces la única oración honesta es: «Señor, no entiendo. Pero confío en tu corazón que Eres Bueno.”
Porque el propósito no siempre es visible mientras estás sangrando, y el dolor es real.
En mi propia vida, puedo decirte: que en medio de pruebas profundas y dolor crudo, no siempre he visto la mano de Dios. He cuestionado. He dudado. He sido cruel conmigo mismo, juzgándome inmerecido. Me he sentido con niebla. Me he preguntado si algo bueno podría venir de lo que Dios estaba permitiendo.
Pero mirando hacia atrás, a veces meses después, a veces años después, puedo ver la verdad: Dios no estaba desperdiciando nada. Estaba moldeando algo en mí, protegiéndome de algo que no podía ver, refinando mi carácter. Haciendo crecer mi confianza en El. Añadiendo más fe de mí a Él. Enseñándome a depender más de Él y menos de mí o de otros. Preparando algo que no sabía que necesitaba, y revelando partes de su fidelidad que me habría perdido sin el valle.
Salomón finalmente aterriza con esta ancla constante: “Hay significado cuando Dios está en él.”
Hay un propósito cuando Dios es Dios, sobre lo que entendemos y lo que no.
Hay esperanza cuando la historia no ha terminado todavía.
Mientras hay vida, mientras respiramos, podremos volver nuestra mirada a Él, nuestro corazón a Él… te invito a hacer esto por unos minutos. Cierra por un momento tus ojos, exhala y respira profundo y dile…”Señor Jesús, Yo confío y creo en Tí. Ayúdame en mi incredulidad.”
(Son varias personas, unidas en este clamor de 21 días, que no conocen mucho de la palabra de Dios y no saben cómo orar, les comparto esta sencilla oración, para que la tomen como guía y hablen con Dios este día)
Oración
Padre, solo tú ves el dolor que llevo: cada miedo oculto, cada suspiro cansado, cada pregunta sin respuesta. Confieso que a veces siento que mi lucha no tiene sentido, y mi corazón está tentado a creer que mi sufrimiento es en vano. Acércate a mí, Señor. Te abro mi corazón y Ayúdame a confiar en ti cuando no puedo rastrearte. Perdóname mis pecados y dame la gracia para soportar, el coraje para seguir caminando, y la fe para creer que estás trabajando, incluso aquí, en esto que mi mente no entiende. Redime lo que duele. Fortalece lo débil. Sana toda enfermedad y recibe gloria de mi vida, incluso en los capítulos difíciles. En mis momentos de debilidad, hazme experimentar tu gracia y dame tu sabiduría para saber manejar este proceso que estás permitiendo en mi vida. En el nombre de Jesús, amén.
Bendecido miércoles a todos y a todas mis amistades de mi Facebook.
FACEBOOK: Gilberto González Hernández.
CORREO ELECTRÓNICO: pastgil@yahoo.es
LAS MEDITACIONES, TAMBIÉN LAS PUEDES ENCONTRAR Y LEER EN EL PERIÓDICO DIGITAL: yodigoyopregunto.com EN LA SECCIÓN DE INFORMACIÓN GENERAL (Suscríbete Sin Costo Alguno).
#YoDigoYoPregunto






Deja un comentario