Urge Una Acción Integral en la Lucha Contra el Cambio Climático.

Por: LUCIO RAMÍREZ MEDINA.

Sofía Ruiz Oldenbourg es ingeniera ambiental por el Instituto Tecnológico de Colima y tiene más de 10 años de experiencia en el ámbito ambiental y de sostenibilidad en el sector privado y de organizaciones de la sociedad civil, y lamenta que la COP30 Ignoró el 50 % del calentamiento global, puesto que la lucha contra el cambio climático no se ganará solo con energías limpias o autos eléctricos. También se libra en los campos, en las mesas y en los platos. Mientras la ganadería industrial siga creciendo al ritmo actual, estaremos alimentando la crisis que decimos combatir. Nuestra salud y la del planeta dependen de ello.

El sistema alimentario mundial genera cerca de un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI). Datos de 2022 estiman que anualmente son emitidas 16 mil millones de toneladas en la cadena de producción de alimentos. Lo admite Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), sin embargo, lo que aún parece difícil de asumir es que buena parte de esa huella proviene de un solo sector: la ganadería industrial.

Reconocerlo no es culpar a nadie, sino aceptar una verdad incómoda, una que un nuevo estudio publicado por la editorial científica MDPI vuelve a confirmar. “El objetivo perdido: por qué la ganadería industrial debe ser el centro de la agenda climática” reúne la evidencia más reciente sobre este tema.

Según sus conclusiones, la ganadería contribuye entre 12 y 20 % de las emisiones globales, utiliza más del 80 % de las tierras agrícolas, y, aún así, aporta sólo 37 % de las proteínas y 18 % de las calorías que consumimos a nivel mundial. Además, genera la mitad de la eutrofización, que causa la contaminación del agua por exceso de nutrientes provocando el crecimiento desmesurado del sargazo y otras algas marinas, y más de un tercio de la acidificación del suelo. El estudio también responsabiliza a la ganadería industrial del 52 % del calentamiento de la atmósfera.

Pero no todo son malas noticias. Precisamente porque el sistema alimentario es parte del problema, puede ser también parte de la solución. El estudio propone metas claras: reducir la producción y el consumo de productos de origen animal, promover patrones alimentarios basados en plantas y modelos de producción menos intensivos.

No se trata de imponer prohibiciones, sino de repensar la manera en que comemos y producimos, reconociendo los beneficios ambientales, de salud y económicos de un cambio de rumbo. Uno hacia la sostenibilidad alimentaria.

La transición alimentaria justa significa no dejar a nadie atrás. Implica apoyar a las comunidades rurales, proteger los medios de vida de quienes producen nuestros alimentos y garantizar que los consumidores tengan acceso a opciones nutritivas, asequibles y sostenibles. La mejor manera de lograrlo es reduciendo el consumo de alimentos de origen animal y aumentar los de origen vegetal como legumbres, granos, semillas y hortalizas, que tienen grandes aportes nutricionales.

Este modelo alimentario está respaldado por organizaciones internacionales como la FAO, la asociación de científicos EAT-Lancet y recientemente es reconocida por las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la Población Mexicana 2025-2030, publicada por la Secretaría de Salud de México.

Las COP son una ocasión crucial para que los gobiernos, las empresas y la sociedad civil reconozcan esta verdad y actúen en consecuencia. Transformar la manera en que producimos y consumimos alimentos no es una opción: es una condición esencial para garantizar el futuro del planeta.

*Licenciado y Maestro en Periodismo

lurame_3@hotmail.com

@luciorm

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