De: SHERIDAN VOYSEY.
Hace unos años, el artista Michael Landy enumeró todo lo que poseía: 7.227 pertenencias. Después hizo algo impactante: instaló una fábrica en el distrito comercial más concurrido de Londres y destruyó todo en público. Ropa, obras de arte, cartas de amor, incluso su auto, fueron colocados en una cinta transportadora y triturados. Mientras la gente entraba y salía de las tiendas cercanas, la obra de Landy planteaba una pregunta: «¿Quiénes somos sin nuestras posesiones?».
Esta pregunta es importante porque muchos compramos cosas para definirnos o asegurar nuestro futuro. Jesús contó una parábola sobre un hombre que acumuló riquezas y adoptó un estilo de vida consumista. «Muchos bienes tienes guardados para muchos años», se dijo el hombre, «repósate, come, bebe, regocíjate» (Lucas 12:19). Pero ¿qué le quedó cuando esa misma noche se le pidió su vida? Solo la reprensión de Dios por haber pasado por alto lo más importante (vv. 20-21).
No es pecado poseer cosas, pero cuando somos tentados a encontrar identidad en lo que poseemos, Jesús nos recuerda que «la vida […] no consiste en la abundancia de los bienes» (v. 15). ¿Quién serías sin tus posesiones? Un hijo amado de Dios (Salmo 103:17; Efesios 5:1). Por esta identidad segura, podemos ser ricos para Dios y los demás.
REFLEXIÓN:
¿Qué dicen de ti tus posesiones? ¿Qué podría significar para ti «rico para con Dios» (v. 21)?
#YoDigoYoPregunto





Deja un comentario