De: ALYSON KIEDA.
Cuando mi esposo, Alan, y yo decidimos mudarnos al otro lado del país para que él continuara sus estudios, yo no tenía trabajo asegurado y no sabíamos cómo íbamos a pagar la vivienda estudiantil. Poco antes de partir, un conocido de la iglesia nos presentó a un exalumno de la universidad a la que Alan asistiría, que sabía de un apartamento económico. Luego, un compañero de trabajo me dio el contacto de un ministerio cristiano. A través de su pueblo, Dios respondió a nuestras oraciones y nos dio oportunidades, incluido un empleo. Amigos y familiares nos ayudaron a mudarnos y nos despidieron con oración.
El autor de Eclesiastés escribió sobre los beneficios de no enfrentar la vida solos: «Mejores son dos que uno» (4:9). Dos pueden lograr más juntos, ayudarse en las dificultades, brindar compañía y protegerse del peligro (vv. 9-11). Y añadió: «cordón de tres dobleces no se rompe pronto» (v. 12). Una comunidad ofrece mayores beneficios: más recursos, más apoyo.
La comunidad que dejamos atrás nos benefició a Alan y a mí. Y Dios nos ayudó a incorporarnos a una nueva comunidad para sentirnos en casa en la gran ciudad. Si te sientes solo, pídele a Dios que te ayude a encontrar un amigo, una buena iglesia o un lugar donde servirle.
REFLEXIÓN:
¿A qué comunidades de creyentes perteneces?¿Cómo se ayudan unos a otros?
#YoDigoYoPregunto





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