Por: VÍCTOR BARRERA.

Inicia mañana en Cancún Quintana Roo la 89ª Convención Bancaria donde nuevamente el capital y el poder se reúnen, los primeros para pedir al poder político se busque establecer las condiciones suficientes para un crecimiento económico del país, que permita captar más inversiones y una estabilidad económica.
Los banqueros del país, como ellos dicen cada año, realizan su convención para crear y construir un futuro que implica una mayor injerencia de la gente en el sistema bancario, a través del ahorro y la inversión. Sobre todo, cuando en México persiste un clima de d incertidumbre, con una economía doméstica estancada y con la falta de la aplicación de políticas públicas que convoque a un trabajo coordinado para favorecer el crecimiento de la productividad y la señal que, desde la jefa de estado, se busca una unidad social a favor de la población en general y el país.
Como se sabe, de parte de las autoridades monetarias, la inflación sigue siendo un problema no resuelto y provoca que el Banco de México tenga que elegir entre pausar las bajas en su tasa de interés lo que podría asfixiar el crecimiento económico o mantener esta baja que pone en riesgo su credibilidad sobre su dominancia fiscal.
Pero existe también otro reto que se tendrá que resolver, la fragilidad fiscal que puede derivar en la pérdida del grado de inversión, lo que cambiaría la realidad de los bancos y del sistema financiero en su totalidad.
A esto debe sumarse que el sector bancario del mundo vive un ambiente de inestabilidad derivado de las decisiones del presidente norteamericano Donald Trump.
Como se sabe, esto ha dejado efectos directos e indirectos que impactan a la banca en nuestro país. La guerra en Medio Oriente eleva el precio del os energéticos y estos impactan a todas las actividades productivas.
También se inician las consultas y las mesas de revisión del T-MEC, donde hasta el momento Donald Trump mantiene su insistencia de erradicar el crimen organizado de México y mantiene su cooperación para hacerlo junto con el gobierno basado en la complicidad de algunos políticos mexicanos con estos grupos.
Estos problemas por supuesto son de atención para la banca mexicana que, en conjunto con el debilitamiento del Poder Judicial, la eliminación de los organismos autónomos y la insistencia de controlar el proceso electoral, ahora con el Plan B coloca a la banca en la necesidad de pedir al gobierno federal actúe para evitar sean factores de impacto en a economía mexicana ante la falta de una solución.
Mientras que el poder político se mueve bajo una ideología que pretende permear en la población, la banca necesita confiabilidad con un sistema de justicia independiente que garantice el respeto de contratos y garantías.
Así una vez más la Convención Bancaria se celebra bajo la incertidumbre institucional y un alto costo del dinero que convierte al acceso a un crédito como un lujo y no una herramienta para favorecer a la población para obtener bienes.

#YoDigoYoPregunto

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