El Derecho a la Alimentación Es El Reto Pendiente del Siglo XXI.

Por: LUCIO RAMÍREZ MEDINA.

El derecho a la alimentación es el reto pendiente del siglo XXI, asegura Sofía Ruiz Oldenbourg quien es Ingeniera Ambiental por el Instituto Tecnológico de Colima, con más de 10 años de experiencia en el ámbito ambiental y de sostenibilidad en el sector privado y de organizaciones de la sociedad civil.

Paradójicamente, mientras producimos alimentos suficientes para más del doble de la población mundial, millones padecen hambre o malnutrición. Un tercio de la comida del planeta se pierde o desperdicia, y buena parte de lo que cultivamos se destina a alimentar animales de consumo, como vacas, cerdos y pollos.

Hoy parece obvio decir que todas las personas deberíamos tener garantizado el acceso a alimentos suficientes, nutritivos y culturalmente adecuados. Pero lo cierto es que ese derecho, aunque reconocido en tratados internacionales y en la Constitución mexicana, sigue siendo una promesa incumplida.

Las causas son múltiples: desigualdad de ingresos, concentración de mercados, abandono del campo, políticas públicas fragmentadas y una crisis climática agravada por un sistema alimentario insostenible. Gran parte de esta presión la ejerce la ganadería industrial, que consume enormes cantidades de recursos naturales, impulsa la deforestación, la pérdida de biodiversidad y genera cerca de un tercio de las emisiones globales. Impactos que amenazan nuestra supervivencia y la salud de los ecosistemas.

Organismos internacionales como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático coinciden en la urgencia de transitar hacia un nuevo modelo de alimentación. Esto no es una opción, sino una necesidad para asegurar nuestro futuro común. La Comisión EAT-Lancet ha trazado una ruta clara: duplicar el consumo mundial de alimentos de origen vegetal, reducir el desperdicio y garantizar el acceso universal a alimentos saludables y sostenibles.

Para lograrlo, la alimentación sostenible es la clave. Este modelo no solo busca alimentar a más personas, sino hacerlo garantizando su nutrición, protegiendo el medioambiente y asegurando comida para las generaciones futuras. Esto implica transformar desde la producción hasta el consumo:

· Promover sistemas agroecológicos y cadenas cortas de abasto que fortalezcan a las comunidades.

· Impulsar políticas públicas que prioricen compras gubernamentales sostenibles y saludables.

· Fomentar la educación alimentaria y reducir el desperdicio en hogares, comedores y supermercados.

· Y, sobre todo, transitar hacia patrones alimentarios centrados en un mayor consumo de alimentos de origen vegetal, como legumbres, verduras, frutas y cereales integrales, que reducen el impacto ambiental y mejoran la salud.

En México, la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible (LEGAAS) representa una oportunidad histórica para cerrar la brecha entre el derecho y la realidad. Su éxito dependerá de convertir sus principios en acciones: reglamentarla, asignarle presupuesto, fortalecer capacidades institucionales y asegurar la participación ciudadana.

Garantizar el derecho a la alimentación no significa simplemente “dar más comida”; implica replantear qué comemos, cómo lo producimos y con qué consecuencias para el planeta y las generaciones futuras.

*Licenciado y Maestro en Periodismo

lurame_3@hotmail.com

@luciorm

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