¿Cuál Es el Costo Invisible de Envejecer Como Mujer, en México?

Por: LUCIO RAMÍREZ MEDINA.

Claudia Calvin, internacionalista y consultora en temas globales explica que la esperanza de vida femenina en México supera en 5.5 años la masculina, lo que significa que las mujeres viven más tiempo con menos recursos y mayores cargas emocionales y domésticas, por lo que nos explica del costo invisible de envejecer como mujer.

Precisa: el sistema y el tiempo están en deuda con las mujeres. Viven más que los hombres, pero lo hacen con menos dinero, menos seguridad y más responsabilidades de cuidado. En México y en el mundo, la vejez tiene rostro de mujer, de pobreza y de desigualdad. Según el INEGI en México, casi 18 millones de personas, aproximadamente el 13 % de la población total, tiene más de 60 años. De ellas, la mayoría son mujeres. Esta presencia numérica no se traduce en bienestar. El estudio “Desigualdad de género en el sistema de ahorro para el retiro en México”, muestra que las mujeres reciben pensiones más bajas que los hombres y tienen un mayor riesgo de pobreza en la vejez. El documento indica que, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), las mujeres tienen una pensión media 25 % inferior a la de los hombres a nivel mundial y destaca que el dato es muy similar en México, ya que de acuerdo con los datos de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), el saldo promedio de la AFORE de las mujeres es 26.8 % menor que el de los hombres, inclusive en casos en los que tienen trayectorias comparables.

Las mujeres pagarán un alto costo por su longevidad. El mismo estudio indica que se proyecta que en 2050 las mujeres vivirán en promedio hasta los 82.7 años, en comparación con los 77.3 años para los hombres. A este fenómeno se le llama “riesgo de longevidad” e implica que, además de las desigualdades laborales y estructurales existentes, las pensiones menores de las mujeres tienen que ser divididas entre un mayor número de años, reduciendo el monto promedio en la etapa de retiro.

Esto implica que para el futuro de las mujeres mexicanas afiliadas al SAR, la mayoría recibirá únicamente la pensión mínima garantizada, una cifra que expone la precariedad estructural de un sistema que nunca fue diseñado pensando en sus

trayectorias laborales interrumpidas por la maternidad, los cuidados (de los hijos, las madres y los padres y personas de la familia extendida) o la informalidad. Solo 2 de cada 10 mujeres mayores, 25.4 por ciento, reciben ingresos por pensión contributiva, es decir, una remuneración exclusiva para quienes trabajaron en el sector formal y que contaron con seguridad social. Las cifras para el caso de los hombres de 4 de cada 10, es decir, el 41.5 %. El resto depende de transferencias familiares o de programas sociales, que si bien alivian la pobreza, no sustituyen derechos. La esperanza de vida femenina en México supera en 5.5 años la masculina, lo que significa que las mujeres viven más tiempo con menos recursos y mayores cargas emocionales y domésticas. Mientras tanto, su contribución invisible sostiene la economía del país. La Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares del INEGI revela que, en 2023, el trabajo doméstico y de cuidados no pagado aportó 8.4 billones de pesos, equivalentes al 26.3 % del PIB nacional, y las mujeres realizaron 71.5 % de ese trabajo.

En un país donde el 13 % de la población ya forma parte de esta generación, seguir ignorando su potencial es no sólo injusto, sino económica, política y culturalmente absurdo. La desigualdad de género en la vejez no es un problema del futuro: es el espejo del presente. Si el envejecimiento es inevitable, la desigualdad no debería serlo.

*Licenciado y Maestro en Periodismo

lurame_3@hotmail.com

@luciorm

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