Por: GILBERTO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ.
La Biblia nos dice que el buen pastor corre tras su oveja perdida, la rescata y la trae de vuelta al redil. Aunque (la foto abajo) es una hermosa e intensa imagen de cómo Dios nos busca cuando nos desviamos, en muchos sentidos la «limpieza» es aún más dramática.
Dios se meterá en el barro con nosotros y nos encontrará donde estamos, pero Él no nos dejará como nos encontró. En otras palabras, Dios no deja de trabajar después de la operación de rescate. Él nos limpia, nos guía por el nuevo camino, camina justo a nuestro lado con ánimo (y corrección), y nos enseña cómo seguir y confiar en él.
A veces Dios nos lleva de vuelta a través del mismo valle no porque fallamos la primera vez, sino porque todavía hay algo allí que Él quiere redimir.
Los israelitas por ejemplo vagaban por el desierto una y otra vez, no porque Dios fuera cruel, sino porque los estaba limpiando. Despojó su confianza en Egipto, enseñándoles a depender únicamente de Él.
Jacob, años después, regresó a Bethel, el mismo lugar donde una vez luchó con Dios, para enterrar a sus ídolos y construir un altar de rendición. Y Pedro se encontró de pie junto a un fuego una vez más, no en negación esta vez, sino en perdón, mientras Jesús le devolvió a su propósito.
Cada uno de estos momentos me recuerda que Dios a veces nos lleva de vuelta para poder ver lo que nos perdimos antes. Para exponer las mentiras que creíamos. Para reunir los fragmentos que dejamos atrás. Para liberar la amargura que aún se aferra a los rincones de nuestros corazones.
Así que ahora, cuando me encuentro en un valle familiar, no me apresuro a través de él. Me paro. Miro alrededor. Yo pregunto: «Señor, ¿Qué me estás mostrando aquí esta vez? “Porque a veces la segunda caminata no se trata de sobrevivir, sino de santificar.”

Si algo he aprendido a través de esto, es que el proceso de curación no es un destino; es un paseo de toda la vida con Dios. Cuando estoy ansioso, o con temor, me imagino agarrando su mano, a veces débilmente, a veces con todo lo que tengo. No me apresura ni me avergüenza por seguir luchando. Simplemente sé que camina conmigo, firme y seguro, susurrando, «Ahora estás a salvo en mis brazos. Sigue respirando, no tengas miedo. Estoy aquí. Todo estará bien.”
El barro ha sido eliminado, y estamos a salvo en sus brazos. Y cuando hemos encontrado nuestra paz y esperanza en Él, no hay otro lugar donde preferiríamos estar.
Dios te bendiga y por favor…¡VEN Y DESCANSA EN SUS BRAZOS DE AMOR EN ORACIÓN! Recuerda siempre que El Señor es tu pastor y nada te faltará. Te busca y te hallará, te limpiará y te abrazará para no soltarte jamás.
FACEBOOK: Gilberto González Hernández.
CORREO ELECTRÓNICO: pastgil@yahoo.es
LAS MEDITACIONES, TAMBIÉN LAS PUEDES ENCONTRAR Y LEER EN EL PERIÓDICO DIGITAL: yodigoyopregunto.com EN LA SECCIÓN DE INFORMACIÓN GENERAL (Suscríbete Sin Costo Alguno).
#YoDigoYoPregunto




Deja un comentario