De: LISA M. SAMRA.

Mi amigo Butch Briggs ha sido el querido entrenador de los equipos de natación de una escuela secundaria local durante cincuenta y un años. Por curiosidad, le pregunté cuántos campeonatos estatales había ganado en ese tiempo. Con su característico tono amable, bromeó: «No he ganado ni un solo campeonato porque nunca nadé en ninguna carrera». Entonces, le pregunté: «¿Cuántos campeonatos han ganado tus nadadores?». Feliz, respondió: «Treinta y nueve».

Butch me enseñó una valiosa lección. Un entrenador juega un papel importante, pero él no quería atribuirse el mérito por los logros de sus nadadores.

Su humildad me recuerda cómo Juan el Bautista consideraba su papel. Tenía la tarea de señalar a Jesús como el Mesías, el que cumplía la promesa de Dios de enviar un salvador. Pero Juan atrajo tanta atención que los líderes religiosos quisieron averiguar exactamente quién era. Las Escrituras registran su confesión: «Yo no soy el Cristo» (Juan 1:20). Incluso cuando insistieron, dejó claro que su papel era anunciar la llegada de Jesús (vv. 21-23), que era a quien esperaban (v. 27).

No atribuirse más mérito del que corresponde es una forma de mantener una perspectiva adecuada sobre nuestros logros, mientras reconocemos a otros por los roles y tareas que se les han asignado.

REFLEXIÓN:

¿Dónde luchas para mostrar humildad? ¿Cómo puede el Espíritu darte poder para actuar humildemente?

#YoDigoYoPregunto

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