¿Será la Salud Digital, el Siguiente Reto Que Se Nos Aproxima?

Por: LUCIO RAMÍREZ MEDINA.

México cuenta con 100 millones de usuarios de internet, 73 % de los hogares con conexión, 98.6 millones de personas con teléfono celular y 17.2 millones con computadora, de acuerdo con el INEGI. En términos de conectividad, el país está listo para la reforma en salud digital. ¿Lo están también las instituciones de salud?, alerta Luis Javier Cortés Adame, Maestro en Administración y Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Interesado en los temas de pobreza, las carencias en salud, seguridad social y alimentación que enfrente la población mexicana. Consciente de que toda intervención gubernamental requiere un buen diagnóstico construido con evidencia que identifique los problemas, las necesidades y áreas de oportunidad que existen en las políticas públicas de la actualidad.

Recuerda el académico que a finales de septiembre, la presidenta Claudia Sheinbaum envió a la Cámara de Diputados una amplia iniciativa de reforma a la Ley General de Salud que, pese a su alcance, ha pasado prácticamente desapercibida. El proyecto impacta 89 artículos: reforma 61, adiciona 24 y deroga 4. Entre tantos cambios, uno destaca por su relevancia y oportunidad: la creación de un capítulo específico sobre salud digital.

Se trata de una deuda de más de una década. Desde 2013, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó a los países formular políticas nacionales y marcos legislativos que orientaran la adopción de tecnologías digitales en los sistemas de salud. Durante la legislatura pasada, diversos grupos parlamentarios presentaron iniciativas en la materia, pero ninguna prosperó. México llega tarde, pero esta iniciativa busca saldar ese rezago al reconocer la telesalud, la telemedicina, los expedientes clínicos electrónicos y el uso de dispositivos móviles como herramientas estratégicas para ampliar cobertura, mejorar diagnósticos y optimizar recursos.

El fenómeno, en realidad, ya existe. Las teleconsultas se multiplicaron durante la pandemia y se mantienen como práctica cotidiana en el sector privado y en algunas instituciones públicas, pero sin un marco legal que regule responsabilidades, estándares de calidad o protección de datos. La reforma busca llenar ese vacío y establecer condiciones mínimas de seguridad, confidencialidad y capacitación profesional.

Además, el contexto es favorable. Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2024 del INEGI, México cuenta con 100 millones de usuarios de internet, 73 % de los hogares con conexión, 98.6 millones de personas con teléfono celular y 17.2 millones con computadora. En términos de conectividad, el país está listo.

La interrogante surge en el ámbito público: ¿lo están también las instituciones de salud? La reforma asigna a la Secretaría de Salud la rectoría del proceso: definir lineamientos, desarrollar infraestructura digital, capacitar al personal y garantizar la protección de datos. Digitalizar la salud no implica solo instalar plataformas o equipos, sino transformar la forma en que se brinda la atención y se gestiona la información médica. Para lograrlo se requiere, ante todo, inversión sostenida, interoperabilidad entre sistemas y conectividad suficiente.

La salud digital puede convertirse en una herramienta para acercar los servicios a quienes hoy no los tienen, o en otro proyecto que se quede en el papel. Todo dependerá de cómo —y con quién— se decida ponerla en marcha.

*Licenciado y Maestro en Periodismo         

lurame_3@hotmail.com                  @luciorm

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