De: MATT LUCAS.
Javier y Pedro trabajaron juntos durante una década, colocando revestimientos en casas. Eran buenos amigos, pero ninguno hablaba mucho. Mientras trabajaban, apenas pronunciaban palabra. Pero se conocían tan bien que eso rara vez era un problema. Podían comunicarse con un simple asentimiento de cabeza o una mirada. Pequeños gestos decían una enormidad.
El Salmo 32:8 evoca este nivel de familiaridad entre Dios y el salmista: «sobre ti fijaré mis ojos». Dios no mira desde lejos, sino que es un Padre amoroso que trabaja en asociación con su hijo. Aunque el salmo comienza con una confesión de pecado (vv. 1-5), el énfasis no está en el castigo, sino en la redirección amorosa de Dios al enseñarle a su hijo el camino correcto (vv. 6-7).
La otra opción es ser como el caballo o el mulo, «que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti» (v. 9). La imagen representa rebelarse o ignorar el camino de Dios. Como creyentes en Jesús, debemos desarrollar una profunda intimidad con Dios para estar en sintonía con sus gestos delicados. Una manera de hacerlo es leyendo las Escrituras. Esto nos ayuda a que «andemos guiados por el Espíritu» (Gálatas 5:25 NVI) para amar lo que Dios ama. Entonces, podremos alegrarnos en el Señor y gozarnos (Salmo 32:11).
REFLEXIÓN:
¿De qué maneras tu vida espiritual se haya vuelto un mero ritual? ¿Cómo desarrollas intimidad con Dios al leer las Escrituras?






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