De: BILL CROWDER.
En el oeste de los Estados Unidos, a finales del siglo xix, la búsqueda de huesos de dinosaurios dio lugar a las Guerras de los huesos, en las que dos paleontólogos batallaron por hacer el hallazgo más histórico. Un escritor relató cómo ambos «usaron métodos deshonestos para tratar de superar al otro en el campo, recurriendo al soborno, el robo y la destrucción de huesos». Señaló que, al tratar de arruinar el trabajo del otro, terminaron destruyendo sus reputaciones.
El conflicto y la competencia son inevitables en nuestro mundo roto. La manera en que elegimos involucrarnos en esos conflictos revela lo que hay en nuestro corazón. Pablo se enteró de un desacuerdo entre dos mujeres en la iglesia de Filipos, y escribió: «Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor». Y le pidió a un compañero: «te ruego también a ti […] que ayudes a estas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio» (Filipenses 4:2-3).
Cuando nos encontramos en desacuerdo con otros creyentes en Jesús, necesitamos la ayuda del Espíritu. Al someternos a su obra en nuestro corazón, Él nos ayudará a reflejar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23). Experimentaremos sanidad y paz; aunque no se trate de nuestra propia reputación, sino de la reputación de Cristo y el evangelio.
REFLEXIÓN:
¿Qué conflictos enfrentas hoy?¿Cómo puede la paz del Espíritu ayudarte a resolverlos?






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