La 4T y Su Monstruo Interno.
Por: ARTURO HUICOCHEA.
En los años ochenta, Italia decidió enfrentarse a su monstruo interno: la Cosa Nostra. No fue un escándalo más, fue un juicio monumental conocido como el Maxiproceso de Palermo, que desnudó la complicidad entre mafia, política y negocios en un país acostumbrado a mirar hacia otro lado. La sociedad italiana quedó sacudida, pero con un gobierno que se puso del lado de la justicia, sembró un precedente: el Estado sí puede enfrentar al crimen organizado … si tiene voluntad.
Acá y ahora, la detención y confesión de culpabilidad de “El Mayo”, abre la oportunidad al Estado mexicano de enfrentar su propio monstruo interno … ¿la 4T está a la altura?
Mientras en Sicilia los jueces Giovanni Falconey Paolo Borsellino arriesgaron y perdieron la vida para arrancarle poder a la mafia, aquí el Secretario de Seguridad dijo: “confirmo que no existen investigaciones abiertas contra funcionarios federales o integrantes de las Fuerzas Armadas”, que en los hechos significa renunciar a la autoridad del Estado. Italia entendió que el narcotráfico no era solo una red de traficantes y sus familiares, sino un sistema paralelo de poder que penetraba la política, la banca, la economía y la vida cotidiana. México todavía finge que los hechos de violencia son “episodios aislados” y no la evidencia de un Estado capturado en zonas enteras del territorio.
El caso italiano reveló la “Pizza Connection”, un puente criminal que desde Palermo llevaba heroína refinada en Sicilia hasta Nueva York, escondida bajo la fachada de pizzerías y valijas diplomáticas. ¿La clave? Una cadena de complicidades que iba desde campesinos productores de amapola en Turquía hasta empresarios estadounidenses, pasando por políticos italianos. Aquí, las rutas de metanfetaminas y fentanilo funcionan con la misma lógica: laboratorios clandestinos que operan a plena vista y que requieren protección política para funcionar.
La lección italiana también fue jurídica y política: el Maxiproceso introdujo reformas trascendentales en materia penal, pero también electoral, diplomática, administrativa; un fortalecimiento del Estado de Derecho en su conjunto. Todo, a partir de las confesiones de Tommaso Buscetta, “Don Massino”, delincuente capturado en el extranjero. Es decir: hubo valentía institucional y reformas legales para blindar al Estado, derivadas de confesiones criminales.
Aquí la fiscalía no investiga y en la más alta esfera del poder gubernamental, hubo quien dijo: “no estamos preocupados”. Sin percatarse de que desperdicia la oportunidad de desarticular al crimen organizado. Italia tuvo a Giulio Andreotti, 7 veces primer ministro y senador vitalicio, sentado en el banquillo de los acusados. Nadie se mantuvo por encima de la ley, más de 300 personas fueron sentenciadas, 20 con cadena perpetua. En México, en cambio, no hay un atisbo de voluntad política por parte del gobierno de cumplir con su deber, parece que la 4T teme enfrentar a su monstruo interno.
El Maxiproceso demostró que un país puede sacudirse la complicidad con el crimen, aunque cueste caro y duela. México necesita que el gobierno se ubique claramente del lado de la ley y la justicia, jueces decididos a luchar y fortalecer el sistema judicial, fiscalías que ejerzan su autonomía al aplicar la ley, policías que cumplan su deber, y la determinación de todos para liberar al país del yugo criminal.
El desafío es centralmente para el gobierno, pero también para los gobernados. El primero hasta ahora no parece muy dispuesto a aprovechar la oportunidad histórica que tiene enfrente. ¿Tú te atreves a hacer tu parte?
@ArturoHuicochea






Deja un comentario