Invertir en educación para promover el desarrollo y la movilidad social.

Por: GILBERTO JAVIER SAUZA.

En nuestro país las familias mexicanas destinan buena parte de sus ingresos a la adquisición de alimentos. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 38 por ciento del total de dinero que gastan las familias se destina a la alimentación de los integrantes.

De esta misma encuesta se desprende que el 20 por ciento de los ingresos se destina a los gastos en transporte. Seguido por los gastos relacionados con la vivienda, incluyendo renta o hipoteca, mantenimiento y servicios públicos como luz y gas. Mientras que la educación, el vestido y la salud completan el ranking de los rubros en los que más gastan los mexicanos.

A partir de la revisión de estos datos podemos ver cómo las familias con menos ingresos, los de los deciles más bajos, han venido recortando el gasto destinado al rubro de educación pese a ganar un poco más.

De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), pese a que el ingreso de los hogares mexicanos aumentó 10.6 por ciento en promedio entre 2022 y 2024, y hasta 36.4 por ciento en el caso de la población más pobre, las familias de menores ingresos no están invirtiendo más en educación. En cifras, encontramos que mientras los hogares del decil más alto invierten hasta 20 mil 376 pesos al trimestre en el rubro de educación, los del decil más bajo destinan apenas 2 mil 888 pesos.

De la misma forma, al adentrarnos al resto de los rubros a los que destinan mayores recursos las familias mexicanas, se observa que el gasto relacionado a la salud se mantiene elevado en México. Pues tan sólo durante 2024, los hogares mexicanos invirtieron un promedio de 6 mil 421 pesos anuales en salud, lo que representa un incremento de 7.9 por ciento más respecto a 2022.

Este incremento en los gastos de salud provoca que la población más joven busque involucrarse desde más temprana edad en el mercado laboral. Sin embargo, pese a los beneficios que eso pudiera representar, lo hacen dentro del sector informal con las problemáticas que esto representa a corto y largo plazo.

Estas estadísticas generan un círculo vicioso que impacta sobre todo en la educación, dando como resultado que la demanda para ingresar a las carreras que ofrece la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) haya descendido hasta un 30 por ciento entre 2020 y 2025. Pues mientras durante 2020 la máxima casa de estudios registró un total de 290 mil 759 aspirantes, para 2025 tan sólo 202 mil 101 jóvenes buscaron ingresar a la UNAM.

Estas cifras en materia educativa y económica son reflejo de las dificultades que padecen las familias mexicanas y la necesidad de implementar estrategias para revertir esta tendencia. En un país como México para poder hablar de desarrollo y movilidad social siempre será importante atender el rubro de la educación.

Lic. Gilberto Javier Sauza Martínez / Vicepresidente de CONCAEM

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