Por: PAUL MCCARTNEY.
La perrita que me inspiró y quedó inmortalizada en una canción de los Beatles.
Pocos saben que “Martha My Dear”, una de las canciones más entrañables del White Album de los Beatles, no fue escrita para una mujer… sino para una perrita.
Su nombre era Martha, una pastor inglés viejo que llegó a mi vida en 1966, justo cuando la fama me envolvía por completo.
Desde el primer momento, se convirtió en mi casi compañera inseparable.
Vivimos juntos en nuestra casa rural en el Mull of Kintyre, en Escocia.
Allí, lejos del ruido, Martha me daba paz, ternura y compañía. Una amiga silenciosa, pero muy fiel.
Yo siempre hablo de ella con un cariño muy especial.
Y aunque ya no está con nosotros (Martha murió en 1981), su huella quedó grabada para siempre en la música.
«Martha, my dear… though I spend my days in conversation, please… remember me.»
Esa canción, alegre y dulce, es un retrato sonoro de su vínculo. Una prueba de que las musas no siempre tienen una forma humana.
Martha fue testigo de mi etapa más creativa, y sigue viva en la melodía que escribí para ella.
Porque a Veces, el Amor más Puro No necesita Palabras.
Solo un Ladrido. Y una Canción.
SIR JAMES PAUL MCCARTNEY.






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