La UAEM en Su Encrucijada.
Por: ARTURO HUICOCHEA.
Una universidad que traiciona sus propias reglas no solo extravía el rumbo, pierde valor en el mercado, afecta a sus egresados, lesiona la reputación de sus investigadores y maestros, lastima el orgullo de pertenencia de la comunidad y dificulta el futuro de sus estudiantes, además de que abarata el precio de sus servicios cuando hayan egresado y, por si fuera poco, compromete la legalidad de sus actuaciones en el terreno profesional. Eso están haciendo al modificar las reglas del proceso de elección de la próxima rectora, como lo hicieron el viernes. Todos pierden y pareciera que a nadie le interesa demasiado.
Cuando una institución se compromete a seguir determinadas reglas —ya sean estatutos, leyes o disposiciones emitidas por su máximo órgano de gobierno—, queda vinculada; es decir: obligada a cumplirlas. A eso se le llama autovinculación, y es un principio fundamental del derecho, la administración y la vida pública y privda. Nadie está por encima de las normas propias; romperlas desde dentro es traicionarse a sí mismo, es deslegitimar y romper la legalidad cualquier acto derivado de esa ruptura.
Piénsese en algo tan sencillo como un partido de fútbol: una vez que los equipos han acordado jugar con 11 jugadores, no es válido, a mitad del juego, incluir un cuarto árbitro o anular los goles del primer tiempo, so pena de que el resultado sea ilegal, ilegítimo y por tanto inaceptable. Lo mismo ocurre con los procesos universitarios: la autovinculación impide que una institución desconozca sus propias reglas, porque hacerlo compromete su credibilidad, arriesga su prestigio académico y puede causar la pérdida de reconocimientos, financiamientos o acreditaciones nacionales e internacionales.
El respeto a la autovinculación es fuente de legalidad, porque permite que toda actuación institucional sea verificable; y de legitimidad a la sociedad de que la universidad se rige con orden, integridad y coherencia.
La UNAM es un ejemplo claro: su inacción ante un sonado caso de plagio —en el que se alegó que las normas no preveían una sanción para una exalumna que infringió el principio de honestidad académica— llevó a la universidad a perder lugares en los rankings mundiales. No se puede defender la calidad educativa sin exigir el cumplimiento de las normas propias.
Quizá los alumnos de la UAEMex en paro sientan que están ganando una batalla. Pero habría que informarles que se están colocando en riesgo. Si sus títulos, certificados y constancias son expedidos por autoridades electas con reglas improvisadas en mesas de negociación, distintas a las previstas en la ley, el estatuto o la convocatoria, los documentos por los cuales se inscribieron a la universidad podrían carecer de validez, y ser cuestionados por universidades nacionales o extranjeras, empleadores o tribunales.
No es una situación hipotética. Quienes egresan de instituciones que han quebrantado sus procedimientos enfrentan dificultades para obtener cédulas profesionales, ingresar a posgrados, pierden empleos, les invalidan estudios, les impiden participar en concursos de oposición, les son revertidas sentencias, o atacan sus decisiones profesionales.
La UAEMéx necesita mantener su prestigio porque es lo más importante que posee y lo que aporta a la sociedad. Es responsabilidad de todos que el proceso de elección rectoral concluya como fue diseñado e iniciado, cualquier alteración será altamente dañina y si alguien festeja es una … insensatez.
@ArturoHuicochea






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