Por: LUCIO RAMÍREZ MEDINA.

Atarraya: Mares Llenos de Vida, no de Petróleo, para las Infancias.

Mariana Reyna nos comenta que Atarraya publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, como un regalo para nuestras infancias: mares llenos de vida, no de petróleo

Y es que explica que cada litro de petróleo derramado mata lentamente al océano, envenena a las especies y pone en riesgo a quienes viven del mar. Los daños no duran días, duran décadas. Y mientras nuestras niñas y niños nacen en un mundo que mira hacia las energías renovables, ellas y ellos pagarán los daños de un modelo fósil que ya no será necesario.

Muchas personas vivimos en la inmediatez. Queremos soluciones rápidas, compras inmediatas, energía constante. Y también, como sociedad, tomamos decisiones igual de rápidas sobre nuestros recursos naturales, especialmente del mar. Pero… ¿y el futuro? ¿Y nuestras niñas y niños?

El Golfo de México ha sido, por décadas, visto como un mar útil solo para extraer petróleo. Para muchas personas, cuando pensamos en él, nos imaginamos un paisaje de plataformas industriales y barcos, como si todo alrededor fuera un desierto marino. Sin embargo, la ciencia nos ha demostrado que esa visión es incompleta, incluso errónea.

Después del derrame petrolero de 2010 por la plataforma Deepwater Horizon, cientos de investigaciones en México se pusieron en marcha para entender sus efectos sobre todo en las aguas profundas del Golfo de México (esas aguas lejanas que van más allá de los 500 metros). Hoy sabemos que este golfo, que compartimos con Cuba y Estados Unidos, está vivo: es el hogar de cinco especies de tortugas marinas como la laúd y la lora, de delfines que migran cientos de kilómetros, de arrecifes de coral, coloridos y únicos, y de al menos 1,500 especies de peces que alimentan a nuestras comunidades costeras. No es un mar vacío. Es un mar lleno de posibilidades. Pero esas posibilidades están amenazadas.

Los derrames de petróleo —como el de Ixtoc-I en 1979 y el de BP en 2010— nos han dejado una lección dolorosa: cada litro de petróleo derramado mata lentamente al océano, envenena a las especies y pone en riesgo a quienes viven del mar. Los daños no duran días, duran décadas. Algunas poblaciones de delfines afectados podrían tardar hasta 39 años en recuperarse.

Y mientras nuestras niñas y niños nacen en un mundo que mira hacia las energías renovables, ellas y ellos pagarán los daños de un modelo fósil que ya no será

necesario. Vivirán con menos peces, con playas contaminadas, con arrecifes destruídos. No podemos permitirlo.

Desde Oceana, dice Mariana Reyna, proponemos una solución concreta: proteger las aguas profundas del Golfo de México mediante una Zona de Salvaguarda, esto es una zona libre que prohíbe las actividades de exploración y extracción petrolera. Esta propuesta no solo cuida a las especies marinas; también es un regalo para el futuro, para nuestras infancias, para cuando ya no estemos aquí.

*Licenciado y Maestro en Periodismo lurame_3@hotmail.com @luciorm

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