¿Cómo Reviven Las Democracias?
Por: ARTURO HUICOCHEA.
Steven Levitsky y Daniel Ziblatt nos advirtieron con claridad meridiana en How Democracies Die (2018): las democracias no siempre mueren a balazos, sino con votos, reformas legales y aplausos populares. El año pasado, los mismos autores nos explicaron cómo opera “La dictadura de la minoría”, una vez que las democracias colapsan y una élite pequeña, ambiciosa y polarizadora, captura las reglas del juego para imponer su voluntad sobre una mayoría fragmentada, desmovilizada y confundida.
Ambos diagnósticos explican lo que ha sucedido en México: entre 2018 y 2023, el desmantelamiento institucional y, a partir de 2024, la consolidación de una minoría dominante disfrazada de mayoría popular.
El desafío de la ciencia y la práctica políticas ya no es describir el declive, sino revertirlo. La pregunta que definirá el México del futuro es: ¿Cómo reviven las democracias? No es una pregunta teórica. Es una urgencia histórica. Y la historia, precisamente, ofrece respuestas.
La restauración deja cicatrices. Restaurar no es volver al pasado. Es rehacer lo valioso que se perdió, y corregir los errores que permitieron su ruina.
Desde hace miles de años, distintos pueblos enfrentaron este reto. Los que lo lograron, nos dan lecciones:
1. España: Transición con bisturí. Tras la dictadura franquista, España optó por una salida pactada. No hubo ruptura violenta, sino reforma desde dentro: una ley que desmontó legalmente al viejo régimen, una nueva constitución, y un nuevo pacto social.
2. Polonia: La mesa redonda de la verdad. La dictadura comunista acordó con la oposición acudir a elecciones. No fue una revolución, sino una negociación. “Solidaridad”, el movimiento sindical había ganado legitimidad y capacidad organizativa. La población resistió y construyó la alternativa.
3. Chile: El voto contra el miedo. En 1988, el pueblo chileno dijo «No» a la continuidad de Pinochet en un plebiscito. Fue una campaña valiente, alegre, creativa. Un arco amplio de partidos, empresarios, artistas y movimientos sociales se unieron.
4. Sudáfrica: Pacto desde el dolor. Nelson Mandela y Frederik de Klerk entendieron que la venganza no resolvería nada. Apostaron por una transición pactada, con verdad, perdón y nuevas reglas.
Siendo distintos, esos ejemplos nos enseñan que se necesita:
- Un relato: Más que criticar lo que se repudia, narrar qué se quiere construir.
- Un frente amplio, no uniforme: Alianzas amplias con empresarios, trabajadores, intelectuales, medios y ciudadanos.
- Instituciones creíbles: Prensa libre y legisladores que debatan, sobre todo ahora que perdimos órganos reguladores y justicia independiente.
México no ha sido del todo una república democrática. Ha tenido elecciones, pero hasta hace poco, competencia. Ha tenido leyes, pero no siempre justicia. Por eso, la misión no es volver a una república perdida, sino crear la que hemos soñado. Para lograrlo, los partidos deben dejar de pensarse como marcas y asumirse como instrumentos de pedagogía cívica. Los empresarios deben entender que no habrá mercado sin Estado de derecho; inversión sin reglas; ni ganancias sin libertad. Los sindicatos tienen que dejar el clientelismo y abrazar la autonomía; practicar la democracia en el trabajo para merecer la electoral. Las organizaciones sociales deben defender causas, no clientelas. Los periodistas y medios de comunicación, asumir que su deber no es complacer al poder, sino incomodarlo.
Como hoy el gobierno en Venezuela, aquí y ahora MORENA no está dispuesta a permitir la sobrevivencia de las instituciones republicanas. Hasta ellos deben entender que eso es lo mejor que puede ocurrir. Y todos debemos tener presente que sí hay otro camino: el del dolor.
El que siguieron en la restauración de la República Romana (siglo I a.C.), la República de Florencia (1494 y 1527), las revoluciones Inglesa (1649), Norteamericana (1776) y Francesa (1789–1792; 1848), y hasta la República de Weimar (1919). Y definitivamente éste no es el precio que queremos pagar o hacer pagar a nuestras hijas e hijos: sangre y lágrimas.
Porque la democracia no muere cuando pierde un partido. Muere cuando se rinde la ciudadanía.
@ArturoHuicochea






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