UAEMex: momento estelar.
Por: ALEXANDER NAIME.
La UAEMex está pasando por uno de los momentos estelares de su historia.
Después de muchos años de silencio la comunidad universitaria ha empezado a hablar y a ser protagonista de su propio destino.
Algo muy significativo en estos tiempos en donde las voces de los jóvenes ya casi no se escuchaban absorbidas por un sistema autoritario de educación en donde la libertad de pensamiento parecía no existir.
Eso es bueno no solo para la Universidad sino para la sociedad en su conjunto. El que los jóvenes hablen siempre es positivo. Es una voz de alerta sobre el futuro.
Y es paradójico lo que ocurre. Por un lado, se estaba frente al hecho destacado de que sería electa por primera vez una mujer al frente de la rectoría y, por otro, que el proceso mismo fuera cuestionado por el conjunto de la comunidad universitaria.
El hecho no es fortuito. Durante años la universidad estaba pasando por una etapa en la que los visos de autoritarismo eran evidentes y que se manifestaba desde el control del alumnado, la cooptación de profesores, la consolidación de una elite burocrática universitaria que se distribuida privilegios (recordar montos de pensiones a rectores y ex rectores), en la opacidad y poca transparencia en el uso de recursos (remenber la Estafa Maestra) y en la ausencia del pensamiento crítico y creador que debe caracterizar la formación de hombres y mujeres libres que le aporten algo a la sociedad en la que se formaron.
Encerrada en sistemas de pensamiento rígidos, la UAEMex, como muchas veces lo reflexione en estas páginas, estaba asentada en un volcán. El tiempo llego y el volcán hizo erupción.
Desde el inicio del proceso las protestas y las muestras de inconformidad fueron desestimadas. Daba la impresión de que al final nada sucedería, de que las cosas por los términos fatales del mismo proceso se habrían de resolver: vacaciones, puentes, periodos de exámenes, exigencias académicas de los maestros, la consigna de no perder el tiempo para acabar o continuar sus estudios e incluso lo fragmentado que está socialmente la juventud, así como las actividades de las propias candidatas a la que se sumaba el silencio de las autoridades frente a lo que sucedía como si el negarlo hiciera que se fuera disolviendo. “Si no los pelo, no existen”, parecía ser la consigna. Nada de eso funcionó. Los movimientos estudiantiles pueden tener su identidad y funcionalidad en sí mismos. Su existencia depende de sus objetivos y no requieren del referente de la autoridad para desarrollarse. No necesitan un enemigo identificado (bouc emissaire) pues lo que se pretende es cambiar un sistema que asfixiaba y en que las estructura profesores-autoridad son cómplices.
La lectura del movimiento estudiantil emergente que han hecho las autoridades ha sido incorrecta.
En un movimiento estudiantil a una primera demanda sigue otra y otra y otra pues los problemas acumulados, sobre todo los vinculados a la autoridad académica o burocrática más tarde que temprano se cuestionan.
Lo sabemos bien quienes fuimos protagonistas en el movimiento estudiantil de 1976 y que cambió la estructura y participación de la Universidad del Estado. Modelo que fue generoso en algún tiempo y luego se fue corrompiendo por la consolidación de estructuras y grupos de interés en el ejercicio de poder hacia su interior.
Los modelos de poder autoritario tarde o temprano se agotan. Y eso es lo que sucede. La participación de los jóvenes, desde sus propias trincheras, solo muestra, por fin, una juventud que quiere comprometerse en la construcción de su propio destino, que ya no se conforma con la protesta en las redes sociales, que no se contenta con solo estar cómodamente en el aula sino que es capaz de construir, ya poco común es estos tiempos, una conciencia social del tiempo que le está tocando vivir.
Y eso es bueno para todos. Una llamada que nos obliga a reinventarnos frente a los nuevos tiempos. De ahí su trascendencia.






Deja un comentario