Un reto las 40 horas de trabajo a la semana.

Por: GILBERTO JAVIER SAUZA.

El pasado primero de mayo en nuestro país, al igual que en diversos puntos del planeta, se celebró el Día Internacional de los Trabajadores o el Día del Trabajo, una jornada en la que se conmemoran las luchas históricas y los logros alcanzados por la clase trabajadora y por el movimiento obrero a nivel mundial.

Esta celebración surgió a partir de la represión en contra de una manifestación obrera en Chicago, Estados Unidos, ocurrida precisamente el primer día de mayo de 1886. En aquel tiempo, la solicitud principal de los manifestantes era el establecimiento, por decreto, de una jornada laboral de ocho horas.

Si bien, a partir de diversos movimientos que se han presentado a lo largo de la historia, las y los trabajadores han alcanzado mejores condiciones laborales, aún existen retos importantes en el resto del mundo, así como en nuestro país.

En lo que respecta a México, dentro la agenda del país se ha colocado como una prioridad el poder reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. Y tras las declaraciones de la presidenta, el objetivo del gobierno federal es que las empresas acepten reducir su semana laboral gradualmente, hasta alcanzar las 40 horas en el año 2030.

Sin embargo, pese a que exista buena voluntad por parte de autoridades, trabajadores e integrantes del sector productivo para alcanzar este acuerdo, no se puede perder de vista el difícil contexto económico que enfrentan tanto el país como las empresas por múltiples situaciones que hemos podido abordar dentro de este espacio. Por lo que lanzar un decreto para lograr las 40 horas de trabajo a la semana representará una barrera difícil de superar para el sector productivo que deberá ajustar sus objetivos a corto y mediano plazo.

Como miembros de la sociedad, no podemos perder de vista las afectaciones que se pueden generar a partir de la disminución de la jornada laboral. Efectos negativos que no sólo impactarán de manera directa en los costos de los productos, sino también en los procesos que se deben complementar para alcanzar los niveles de producción esperados.

En caso de que las autoridades responsables de la implementación paulatina de la jornada laboral de 40 horas semanales no tengan un plan detallado y con múltiples previsiones, se corre el riesgo de generar importantes problemas relacionados con la eficiencia productiva de nuestro país. De igual forma, se debe tener claro que alcanzar un acuerdo para la reducción de la jornada laboral semanal no implica un aumento del salario mínimo.

Estoy cierto de que la propuesta de reforma para reducir la jornada laboral semanal en México debe construirse a partir del diálogo entre las partes involucradas, de una forma gradual, apegada a la realidad económica que se vive en el país y, sobre todo, sin que se trate de un proyecto unilateral o como resultado de una imposición política.

Lic. Gilberto Javier Sauza Martínez / Vicepresidente de CONCAEM

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