Por: GILBERTO JAVIER SAUZA.
Reconocer y cubrir el trabajo no remunerado.
Desde hace algunos años, han tomado fuerza movimientos que buscan hacer conciencia y visibilizar las labores que en su mayoría realizan las mujeres dentro de sus hogares y que por diversas situaciones no son compensadas económicamente. El trabajo no remunerado o también denominado trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.
Este término se refiere a las actividades domésticas y de cuidado dentro del propio hogar o para otros hogares, por las que no se recibe un pago y que no forman parte del sistema de cuentas nacionales para el cálculo regular del PIB (Producto Interno Bruto).
De acuerdo con ONU-Habitat México, a nivel mundial, se estima que el valor económico generado por estas actividades alcanza representar el 9 por ciento del PIB global, mientras que para nuestro país puede representar el 26.3 por ciento del PIB. Cifra qué puede significar un monto aproximado de 8.4 billones de pesos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Tomando como base un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), al realizar un comparativo entre las mujeres de la región de América Latina, se observa que las mujeres de nuestro país destinan, en promedio, 43 horas al trabajo del hogar y de cuidados no remunerado cada semana.
Mientras que las mujeres brasileñas son las que menos destinan tiempo al trabajo no remunerado dentro de la región, con un promedio de 22 horas semanales, seguidas de las dominicanas, con 25 horas, y las paraguayas y las hondureñas, con 29 horas en ambos casos. Estos datos reflejan la mayor brecha en la distribución de estas tareas de toda la región de América Latina.
Para el Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que las mujeres mexicanas destinen hasta 43 horas al trabajo no remunerado, se traduce en tener una doble jornada para quienes tienen también un trabajo remunerado. Dato que contrasta con las 17 por semana que la población masculina destina para estas actividades en el hogar.
Si bien los datos sobre la participación de la mujer en los cuidados del hogar se actualizan de manera periódica, dentro de este espacio y en algunas otras oportunidades, hemos hecho hincapié en la necesidad de ponerle un valor real al trabajo doméstico que se realiza sobre cuidados y atención en casa. Considero que el trabajo no remunerado debe contar con un salario y debe ser cubierto por el responsable de la manutención de la casa.
Se debe tener un parámetro claro del valor y el esfuerzo que representa el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, de lo contrario, se corre el riesgo de que siga aumentando la carga de trabajo hacia el género femenino. Para el IMCO existe evidencia de que las labores de cuidados recaen desproporcionadamente en las mujeres, lo cual impacta sus trayectorias profesionales y su acceso y permanencia en el mercado laboral.
Lic. Gilberto Javier Sauza Martínez / vicepresidente de CONCAEM
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