Solipsismo politico.

Por: ALEXANDER NAIME.

En la película The Matrix (Wachowski, 1999), Neo (Keanu Reeves), debe escoger entre tomar una píldora roja o una azul. La azul lo devolverá al mundo en el que vive dominado por no se sabe quién, un mundo en donde se es esclavo sin darse cuenta, una prisión de la mente, un mundo como en el que se vive, despertándose en su cama, tomando café, irse al trabajo, regresar, ver la televisión o jugar un video juego para luego dormir y volver al mismo ciclo cada día: el que nos rodea. Si toma la roja todo lo que él cree será real, estará en el Matrix, el mundo en el que ve su propia realidad. Neo tomó la roja.

El problema planteado en esa escena de la película a Neo por Morpheus (Laurence Mishburne), en el fondo no es sino la idea, abordada por muchos filósofos, de la existencia de uno mismo y la manera en que se construye la realidad exterior a partir de nuestra mente o nuestras creencias.

Se llama solipsismo.

El solipsismo sostiene que sólo existe aquello de lo que es consciente el propio yo, de que la idea de que la sola cosa de la que podemos estar seguros es la que existe en nuestra mente y puede o no ser la realidad de otros

Esta idea en el contexto contemporáneo caracterizado por la tecnología avanzada, la inteligencia artificial y el condicionamiento de los medios de comunicación y redes sociales sobre el comportamiento humano está haciendo que los individuos creen su propia realidad a partir de los estímulos que reciben. Una realidad que puede no ser al menos para otro.

El mundo actual está siendo construido a partir de lo que se nos impone y la valoración que hacemos de ello, en donde incluso se definen los términos de cómo se ve lo que nos rodea, incluida la felicidad. Puede ser la religión o la política, ambas condicionan la manera en que se puede ver la realidad que nos rodea.

Si 2024, según la revista The economist, la palabra que definió ese año fue la caquistocracia o el gobierno de los peores, que tal vez la de 2025 sea la del solipsismo político la palabra que lo defina.

Las evidencias son de cada día. Las clases gobernantes y los poderosos del mundo han construido en el inconsciente de las sociedades, y en consecuencia, en la de los individuos la imposición de ‘mundos reales’ en los que transmiten valores y creencias. Cuentan para ello con los medios para hacer y reproducir sus discursos: medios de comunicación en poder del Estado, redes sociales, alianzas con grupos de medios (como se puede observar en USA con la alianza entre el presidente y los dueños de Facebook y X) y además la reproducción del discurso político en los medios tradicionales, prensa, radio o televisión. Por todos los medios se impone una manera de ver al mundo. Se cree lo que se dice.

Un ejemplo reciente lo ilustra. La pretendida intención del gobierno de USA por imponer aranceles a distintos países obligó a estos últimos a ‘ceder’ en materia de seguridad, de inmigración y de políticas interiores. A sus sociedades los gobernantes de países como Canadá, México, Colombia, El Salvador entre otros han construido un discurso que ‘ocultaba’ esa realidad como si fuera defensa de la soberanía, cooperación o colaboración… incluso hubo países como México que permitieron que la instrumentación de esas políticas fuera evaluada por una potencia extranjera. Realidad disfrazada e impuesta y presentada a la sociedad de manera diferente.

La construcción de esa realidad en el inconsciente colectivo se hace de igual manera frente a la violencia, la pobreza, la idea de igualdad mientras la ‘realidad real’ es diferente.

El solipsismo político está entrando en su apogeo. Los gobernantes ven y transmiten una realidad que ellos construyen desde sus estadísticas, sus valores e intereses y la imponen con todos los medios a su alcance a las sociedades. Sucederá lo mismo con las ideas de moralidad que habrá de ir imponiendo el gobierno norteamericano sobre la diversidad sexual, el género o los valores y principios. Así se van construyendo los totalitarismos blandos: un mundo de simulación en el que se va la existencia.

Correo: contextotoluca@gmail.com

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