Por: RICARDO MONREAL.

Debido a las restricciones a las exportaciones de semiconductores a China, las acciones de NVIDIA y AMD, líderes en la producción de chips, han fluctuado enormemente, pero en días pasados vimos que la empresa de origen chino DeepSeek sacó al mercado mundial su versión gratuita de chatGPT, lo cual hizo que algunas compañías, sobre todo de Estados Unidos (EU), tuvieran pérdidas instantáneas y muy significativas.

En la última década, la inteligencia artificial (IA) emergió como el campo de batalla más crucial en la guerra comercial y tecnológica entre EU y China. Esta competencia no sólo redefine el futuro de la innovación global, sino que también tiene un impacto profundo en las bolsas de valores y en la economía mundial. La carrera por la supremacía en IA ha llevado a ambos países a invertir miles de millones de dólares en investigación, desarrollo y aplicación de tecnologías disruptivas, desde vehículos autónomos hasta sistemas de reconocimiento facial y algoritmos predictivos.

Estados Unidos, con su ecosistema de Silicon Valley y un sector privado altamente innovador, ha liderado históricamente el desarrollo de IA. Empresas como Google, Microsoft y OpenAI fueron pioneras en avances como los modelos de lenguaje generativo y la computación cuántica. Sin embargo, China no se quedó atrás. Con un enfoque más dirigido por el Estado, el gigante asiático logra avances significativos en áreas como vigilancia masiva, robótica y automatización industrial. Empresas como Huawei, Baidu y Tencent están compitiendo agresivamente por una porción del mercado global.

Esta rivalidad ha llevado a una serie de medidas proteccionistas y restricciones comerciales. EU impuso sanciones a empresas chinas de tecnología, limitando su acceso a componentes críticos, como los semiconductores. El Gigante Asiático, por su parte, respondió con políticas que fomentan la autosuficiencia tecnológica, como el plan Made in China 2025. Estas tensiones crearon incertidumbre en los mercados financieros, afectando a sectores enteros, desde los tecnológicos hasta los de manufactura.

Además, la guerra tecnológica ha impulsado una reconfiguración de las cadenas de suministro globales. Muchas empresas están trasladando sus operaciones a países como Vietnam, India y México para evitar las tensiones entre Estados Unidos y China. Esta reubicación genera oportunidades de inversión en mercados emergentes, pero también aumenta los costos operativos y la complejidad logística.

En este contexto, la inteligencia artificial se convirtió en un activo estratégico. Quien domine esta tecnología controlará el futuro de la innovación, pero además tendrá una ventaja competitiva en la economía global. El Gobierno de México entiende esto y se mantiene atento para aprovechar las oportunidades que esta guerra tecnológica sin duda nos dará. Para inversionistas, esto significa que las empresas que lideren en IA serán las más atractivas a largo plazo, aunque también las más sensibles a los vaivenes geopolíticos.

México tiene una oportunidad estratégica única para capitalizar la guerra tecnológica entre EU y China. En un mundo donde la competencia por el liderazgo en inteligencia artificial, 5G y otras tecnologías emergentes es cada vez más feroz, nuestro país puede posicionarse como un centro clave para la producción y el desarrollo tecnológico.

Nuestros desafíos son tan grandes como nuestras oportunidades, pero sin duda el gobierno de México, liderado por la presidenta Claudia Sheinbaum, estará —como hasta hoy— a la altura de los desafíos geopolíticos y comerciales en una era sin precedentes históricos, por la rapidez de sus cambios y fluctuaciones tecnológicas y económicas.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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